A fin de marzo de 1982, la CGT hizo una movilización contra los militares, mucha gente y mucha represión policial. Cuatro días después, llegan nuestros soldados a Malvinas y en la misma Plaza de Mayo, Galtieri es ovacionado.

En marzo del ’82, yo era un muchacho de diecisiete años, lleno de rulos y de ideales, estaba convencido que contra la dictadura estábamos todos los jóvenes y que más tarde que temprano volvería la democracia.

Estaba en sexto año de mi escuela industrial porteña en divisiones mixtas de aproximadamente cuarenta alumnos que se levantaban de su asiento cada vez que llegaba un profesor para saludarlo en voz alta: «Buenas tardes».

Algunos ya nos sentábamos cerca del fondo y las charlas se ponían interesantes acerca de fútbol, política, la dictadura, los bailes y los recitales.

Mi mamá, ama de casa; mi papá, laburante de oficinas. Ya veníamos discutiendo bastante de política con mi viejo, yo venía por la izquierda lleno de revoluciones y justicia social; y él, por el centro derecha con dosis de peronismo y nacionalismo con «c».

La CGT Brasil era una de las dos partes en que estaba dividido el sindicalismo, al frente de ella estaba Saúl Ubaldini, un aguerrido dirigente del gremio de los cerveceros que luego, ya en democracia, comandaría la CGT por varios años.

Este grupo convocaba a una movilización a la Plaza de Mayo para el día 30 de Marzo con el lema: «Paz, Pan y Trabajo».

Rosario, Mar del Plata, Neuquén y Mendoza eran algunas de las ciudades que también convocaban en sus plazas respectivas.

Algún amigo de la división propuso que vayamos a la Marcha y, por supuesto, me pareció una idea espectacular con un sólo inconveniente, que me dejen ir.

Por la noche, en la cena, intente convencerlos con todas las ganas pero la respuesta de mi viejo fue rotunda: «No vas, tenés diecisiete años, sos un nene, en esa marcha va a pasar de todo y la policía va a hacer un desastre. No vas bajo ningún aspecto».

La movilización fue impresionante. Alrededor de cincuenta mil personas se convocaron en los distintos sindicatos para marchar a la Plaza, el centro estaba sitiado por la Policía Federal: vallas, perros, la montada, carros hidrantes. La tensión se olía a varias cuadras, los trabajadores, al grito de «Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar», trataron de acercarse pero la policía comenzó a reprimir salvajemente con gases y palazos a los manifestantes que se defendían con piedras y los mástiles de las banderas.

La salvaje cacería policial logró detener a casi 3.000 personas, y por la noche, nos enteramos que en Mendoza fue asesinado el sindicalista textil José Benedicto Ortíz.
Ubaldini y otros sindicalistas quedaron detenidos junto al premio nobel de la paz argentino, Pérez Esquivel, y algunas Madres de Plaza de Mayo.

Mi viejo aprovecho para decirme que tenía razón y sé que en definitiva estaba contento por que le hice caso y no fui. Sin embargo me dejo una intriga mayor cuando se levanto de la mesa para dormir y me dijo:

«Dentro de pocos días, nadie va a hablar de la marcha o de los presos. Nadie».

Pasaron un par de días y, en la mañana del dos de abril, suena el teléfono en casa muy temprano, entre sueños escucho que atiende mi viejo y al rato se acerca a mi pieza y me dice:

«Ale hoy recuperamos las Malvinas, los piratas salieron corriendo, ponete una escarapela si vas a la escuela, aunque por ahí no tenés clases. Hoy es un día que va a quedar en la historia, acordate de San Martín y los próceres».

Sonriendo se fue al trabajo y mi confusión aumentó cuando vino mi vieja me abrazo y me dijo al oído: «No te asustes, no va a pasar nada y además vos no hiciste todavía la colimba (Servicio militar obligatorio al que casi todos los jóvenes de dieciocho años teníamos que concurrir), igual los ingleses están lejísimos no van a venir por las Malvinas».

La tele, de repente, entró en Cadena Nacional y se escuchó por primera vez la canción de las Islas Malvinas («Tras su manto de neblinas no las hemos de olvidar…») y se informó que se recuperaron las Islas con apelaciones a Dios y al reclamo legítimo de soberanía durante 150 años.

Ya se empezaba a contar en las radios que había grupos de gente en Plaza de Mayo con banderas argentinas gritando como si fuera un partido de la selección.

En esa época, no había celulares ni WhatsApp, sino todos mis compañeros y yo estaríamos mensajeando sin parar un poco incrédulos un poco confundidos.

Mi primera lectura política era que las Malvinas eran argentinas pero que este desembarco era una locura de la dictadura, que no tenía sentido. Un par de años después me di cuenta que era un salto al vacío para poder perpetuarse varios años más en el poder.

Llegué a la escuela y la imagen me quedó grabada para siempre. Más o menos diez de mis compañeros sentados sobre las mesas de los pupitres y sobre la mesa de los profesores, bien adelante del aula y no atrás como siempre lo hacíamos.
Las caras eran mezcla de bronca, estupor e incertidumbre, no lo podíamos creer: «Es una locura», repetíamos azorados.

Mientras tanto, en la Plaza de Mayo, cada vez más gente se autoconvocaba, llenado la misma y pidiendo la palabra de Galtieri que, a través de ATC (Argentina Televisora Color, hoy TV PÚBLICA ), proclamó a los cuatro vientos en el balcón de Perón: «Hoy, dos de abril, hemos comenzado con la actitud de recuperar las Malvinas y ya flamea la bandera argentina en nuestras islas. Ustedes expresan públicamente el sentimiento y la emoción a través de un despojo de 150 años que hoy hemos lavado… (ovaciona)… la Junta Militar (silbidos)… Creo que todos ustedes, como yo, están sintiendo una gran emoción (ovación)».

En la plaza, se escucha: «tero, tero tero tero hoy le damo a los ingleses y mañana a los chilenos…» «lo vamo’ a reventar» …  «Argentina, argentina».

Cierra Galtieri: «Que la comunidad internacional y nuestros circunstanciales adversarios comprendan cual es la voluntad argentina, aceptaremos el dialogo después de esta acción de fuerza (ovación) pero en el convencimiento que la dignidad y el orgullo nacional han de ser mantenidos a toda costa y a cualquier precio… (ovación) («lo vamo’a reventar»)».

De regreso al estudio, el conductor del noticiero 60 Minutos dice: «Señores, que bien nos hace todo esto (…) hoy, milagrosamente, sentimos que por primera vez en la Plaza de Mayo se expone el pensamiento de todos los argentinos. Primero esta sencillamente la Patria, que esa sangre que quedo en Malvinas nos ayude a construir la Argentina soñada».

Corte, tanda publicitaria, telón, silencio, anochecer de un día agitado.

Diecisiete años en 1982, angustia, temor, incertidumbre, sueños, estupor.

Noche del dos de abril, acostado, aturdido, pensando que pasará, tenía el cassette de «Bicicleta» de Seru Giran. Me fui a acostar, puse bajito el radiograbador doble casetera, el bajo de Pedro y la guitarra de Lebón, Charly cantando la canción de Alicia:

«Quien sabe Alicia, este país no estuvo hecho porque sí. Te vas ir, vas a salir pero te quedas, dónde mas vas a ir. Es que aquí sabes que el trabalenguas, trabalengua, el asesino te asesina y es mucho para mí…».

Quizás era mucho para mi también…

 

 

 

SPICY – POLLO FRITO

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