En Argenta reina la tranquilidad. Batman está sacándole el lustre al Batimovil después del lavado a fondo de cada sábado, solo resta pasarle la aspiradora de mano al baúl.

De fondo se escuchan los pajaritos, se huelen las glicinas y en el parlante se escucha: “casi son las tres, tres agujas tengo en la cabezaaa…”

La calma chicha se interrumpe por la sirena de la Baticueva y el llamado del Comisario Stiuso:

– “Batman!! Tenés que hacerte una escapada a La Rioja, es un caos, apareció un robot enorme con patillas y poncho tejido a mano, están evacuando la ciudad…ya!!”

Nuestro Batiheroe rezonga… ¡Un sábado! No cobra extras ni viáticos, ¡ufff! Justo iba al supermercado chino a comprar el fernet y la picada.

Apresta el Batiavion y le hace la llamada de rigor a la Batichica rubia para avisarle, se encontrarían allá, en suelo del Chacho Peñaloza. Lo que no sabía es que la línea está intervenida por la Gatubela Cordobesa con su bici alada.

Llega Batman al Aeropuerto de Anillaco, un lugar apacible rodeado de aceitunas y animales salvajes. Por allá corre un león a una liebre y por acá, una carrera de conejos y tortugas con apostadores mafiosos y árabes.

Un estruendo sacude el lugar, el Robot gigante con cara del Carloo, dispara un cohete a la estratosfera que cae justo a cincuenta metros del Murciélago.

Una Ferrari roja a 300 km por hora dispara balas con Armas que se iban a enviar a otros países vecinos. Batman ágilmente va haciendo flip flap esquivando la metralla.

Entra en acción la Batichica rubia que aparece luego de peinarse y maquillarse, la estética es lo suyo. Enlaza los pies gigantes del Robot y cae en cámara lenta como la canción de Valeria. La polvareda que se levanta cubre todo el lugar.

Batman y Batichica quedan tosiendo, ciegos por el polvo. Hace su entrada triunfal la heroína cordobesa con su bicicleta con lanzallamas, le quema las patillas y el robot deja de funcionar.

Los tres Héroes van al almacén de ramos generales y piden un Campari, una coca y un Guaymallén.

Se ponen a charlar de la vida, de los afectos, de los hijos, como tres amigos que se encuentran en cualquier bar de Argenta.

La noche los alcanza alegres, ruidosos, divertidos. Cumplieron otra vez la tarea de salvar la Ciudad de la Furia. Alguien pone una moneda en la rockola y se escucha… casi son las tres…tres agujas tengo en la cabezaaa…”

2 Comentarios

Dejar respuesta

Ingrese su comentario por favor!
Please enter your name here