Las mejores cosas de la vida llegan siempre en forma de personas… que rompen brújulas, nortes y mapas. Lo razoné al mirar el recorrido de mi corazón, cada vez que sale a pasear sin previo aviso”.

Todos sin excepción alguna vez hemos sido cuento, bosque y bruja. El relato breve en la vida de alguien. De manera real o ficticia.

Me llamo Nalú. Dicen que para encontrarse, hay que primero estar perdido y que los príncipes no se buscan, ellos te encuentran.

Transitamos dentro de fábulas llenas de ilusión y pesadilla. Donde esperamos ser rescatados por algún repartidor de justicia. La vida no es tan ligera. Lo era cuando mi mayor preocupación consistía en pintar sin salirme de la línea. Sigue conmigo y conoce mi historia. Es posible que mis episodios sean la voz en alguno de los tuyos.

Capítulo I

Sin vértigo… Todo precipicio es igual.

Desde niña fui del tipo diferente. Segura de mí misma. De esas que pueden jugar a las muñecas o a las canicas con los chicos del barrio. Capaz de adaptarme a todo, en especial a despedidas sin respuestas.

Mi característica relevante era la de ser gran conversadora. Buscaba en todo momento temas que permitieran darle valor agregado al día.

Poco presumida. Amante de la naturaleza, los libros y el arte. Buscando como reinventarme en cada una de mis necesidades.

En materia de amor, no me salieron muy bien las cosas. Las flechas equivocadas de cúpido, no estuvieron ni cerca de lograr efectividad en el blanco. Jamás tuve un arquetipo de hombre; ni de tipo físico, ni simbólico. Quería hallar algo más, partiendo de los que ya conocía dentro de las lecturas que encontraba en textos de psicología en la vieja cómoda de mi madre.

Según los expertos en el tema, existen aproximadamente doce (12) arquetipos reconocibles, que definen y describen la personalidad del ser humano. Ellos se presentan como: El Inocente, El Común, El Explorador, El Sabio, El Héroe, El Forajido, El Mago, El amante, El Bufón, El Cuidador, El Creador y El Líder.

Estos actores que adoptan funciones determinadas, pueden producir efectos enriquecedores en la leyenda de cada uno de nosotros. Conocerlos a todos hubiera sido lo ideal; para seleccionar con criterio al verdadero compañero de camino, pero en realidad nunca sucede de esa forma.

Les hablaré de Felipe. Lo conocí en una fiesta familiar. Era amigo, del amigo de mi amigo Lorenzo. Alto, rubio, ojos azules. Elegante y muy educado. Bailamos toda la noche merengue dominicano, mientras nos contábamos los chascarros de nuestra corta existencia.

Las horas transcurrieron sin demora. Todo parecía ir muy bien, hasta que nos irrumpió una voz que avisaba, que a Pipe (apodado así por allegados y cercanos) lo buscaba una chica con un elevado mal humor, por lo que corrió despavorido dejando nada más que polvo.

Se trataba de su prometida, quien al parecer no le agradó mucho su estadía en el sitio, retirándose ambos sin ni siquiera arrojar un “después nos vemos”.

Seguido a eso hubo un incómodo silencio. Este ejemplar le había dicho a su fémina, que yo era la novia del cumpleañero, ósea de mi primo.

Allí quedaba yo, vestida y alborotada justificando lo ocurrido a lo que tan solo me quedó añadir, que aparecía mi primer arquetipo. “El Forajido”.

No pasó mucho tiempo, cuando hizo acto de presencia Gabriel. Dulce, sencillo, amable y sin aspiraciones.

A este chico le conocí en mi época de universidad. Ambos cursábamos algunas cátedras juntos. Nos presentó un compañero de clases, quien al parecer le estaba haciendo la segunda conmigo. La verdad es que aunque era bastante guapo, no sentí que era mi par. Algo así como que demasiado lento para mi inestable gusto.

Recuerdo que salimos unas cuantas veces, pero sin tener contacto físico. Era algo como idílico, virtuoso y muy aburrido. Este sin duda alguna; era mi arquetipo “El Inocente”.

Por otro lado, en mi casa esperaban por la arribo de mi consorte, pero la verdad es que no quería dar pasos en falso, quizás por las reiteradas amenazas de mi hermano Rodolfo, quien replicaba cuando mis padres abordaban el tema, que dicho candidato se anduviera derechito ya que no aceptaría que se burlaran de mí.

Rodolfo era muy intimidante. Su 1.90 de estatura y ruda expresión me recalcaban que midiera bien mis acciones, ya que las consecuencias podrían ser para nada alentadoras. Acá les presentaba a mi arquetipo “El Cuidador”.

Me conformaba para el momento, con encajar con “El Común” y entonces apareció por arte de magia el iluminado y “El Creador”. Alan era del modelo básico. No muy guapo, no muy alto, no muy inteligente. Como diría mi amiga Karen, una especie de “huevo sin sal”. Coqueteamos unas semanas y luego se perdió el encanto.

A punto de tirar todo al trasto, apareció Pablo. Era “El Explorador” y “El Líder”. Desde nuestro accidentado tropiezo en el pasillo hacia los baños de aquel oscuro café italiano, comenzó el interrogatorio. La aplicación perfecta de las preguntas obligatorias en cualquier indagatorio: el ¿qué?, ¿cómo? ¿Cuándo, por qué? No se hicieron esperar. Después de esa noche solo quedaron unas cuantas llamadas telefónicas y un si te he visto no me acuerdo.

Ahora es el turno de José Camilo. El primero de tres hermanos idénticos que conocí en un curso de hangul, que se me antojó hacer para entender mejor mis series coreanas y mi música Kpop que tanto disfruto.

Tomaba las clases para acudir a un evento en Corea del Sur, donde expondría un tema alusivo al medio ambiente del cual era fiel defensor. Logró impactarme todo lo que él representaba. Hasta ese período parecía estar cerca de “El Sabio” y “El Mago”. Quería tener control de todo, era algo arrogante y egocéntrico, por lo que huí rápidamente antes de ser presa de sus raros encantos.

Exhausta de tanto intento estropeado, opté por el uso de la tecnología. Bajando de ipsofacto una aplicación para ganar citas en línea. Supremamente interesante para mí, ya que era nueva en esto de los temas virtuales ligados al corazón. Este servicio en particular prometía saber al dedillo, particularidades relevantes de los candidatos. Era como sortear al destino, pero esta vez con datos antepuestos.

Suponía esta peripecia poder votar a mis anchas, tomando como reparo, que tenía que haber sido de forma sincronizada preferida en tándem para poder ligar.

Con muy poca destreza en dichos menesteres, marque a Flavio. Aquel rostro exteriorizaba un temperamento apacible y sensual al mismo tiempo. Su ficha descriptiva confirmaba su edad, profesión y gustos. Hasta el momento parecía ¡perfecto!, sin imaginar que detrás de esa fachada, habría una caja de pandora en su historial.

El fulano no tenía la edad que aseguraba. Dos décadas más le acompañaban; al igual que su profesión que no era otra sino la de jubilado. Un absoluto fraude. Este resultó ser “El Bufón”, sin duda alguna.

Desalentada marqué una vez más por no dejar. Se hacía conocer cómo; Eloy en dicha red social. Simpático, delgado, alto y muy modesto en su presentación. Refería que era afectuoso, honesto, cuidadoso de su intimidad y amante de la vida en pareja, lo que cautivó mi curiosidad e intención.

Me magnetizaron sus rasgos. Cabello negro, tez blanca, anteojos de intelectual. Agregaba que era empático, educado y especialista en ingeniería.

Conectamos de inmediato, sosteniendo una amena plática por largas horas en el chat de la App. Intercambiamos números telefónicos para conversar de una manera más confiable. Desde allí nos tratábamos utilizando emoticones y también fotografías de nuestras rutinas para sentirnos más cerca.

Hasta ese momento todo indicaba que la había pegado. “El Amante” aparecía en mi vida por fin, sin sospechar que tendría que disponer de varias mañas que no harían la marcha tan factible.

Nos distanciamos por un momento, sin saber el motivo y la causa. Mis inseguridades después de tantos infortunios y un quebrando de salud de Eloy, cambiaron mi rumbo repentinamente.

Una cita obligaba un encuentro urgente conmigo misma. Por el momento era mejor permanecer sola, tranquila, ansiando solo platónicamente y recordando donde fue que llegué a tener todo, dentro de tanta nada.

Directa me marché hacia mi introspección… No hay mejor refugio que una misma. Acompáñame a mi éxodo. Entendí que faltaba mi arquetipo «El héroe» y que esta vez sería yo misma.

18 Comentarios

  1. Bienvenida Mila !!!! Una gran escritora …un honor y un placer !!!!

  2. Cómo mujer venezolana estoy orgullosa de Mila. Excelente escritora .Estoy conociendo el formato de la revista, me gusta. Una tercera mirada me traslada a la posibilidad real de un mundo sin polarizaciones. Una tercera mirada es posible.

  3. Simpática lectura, concisa y precisa. Introduce al lector en el relato. Cautivante y agradable. Me encantó, gracias

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