Un hombre muy narigón aparece en pijama, arrastrando las chancletas y bostezando. Con un hisopo se limpia las fosas nasales. Hay una mesa, sobre ésta un vaso con agua. Entra recitando, comienza antes de verse en escena.

Hombre:  Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado; era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. (Pausa) Hoy me divorcio. Me cambio, voy al registro civil y me divorcio… (Pausa) Podría haber sido tantas cosas. Pero soy lo que soy, un hombre de nariz prominente, de olfato agudo y preciso. Si se me hubiera dado por matar, por lo menos podría haber aspirado a ser Jean-Baptiste Grenouille. Pero no… el olor a la sangre me descompone. Con tan sólo oler a alguien, puedo saber más que ojeándole las redes sociales. Como un Sherlock Holmes neo contemporáneo, de la modernidad líquida, lástima soy tan bello como inglés… (Se rasca la nariz y frunce el ceño) Uf… qué desmedida es la gente para perfumarse… y qué variedad de olores hay acá hoy. Es como entrar en una biblioteca de libros desordenados, algunos viejos y deshojados, otros intrépidos pero sin un nombre que los sustente.

Pausa. Mira al público.

 

 

-Hombre:  Seguramente, todos los narices pequeñas aquí presentes, jamás se lo han preguntado, ni mucho menos cuestionado. Pero, ante todo pido disculpas si ofendo a alguien, ¿por qué nunca hemos sido incluidos, las y los narigonas, en los estándares de belleza? Lo que digo no carece de fundamento… ¿Qué es lo primero que una persona se opera para mejorarse el rostro y, así también, su belleza en general? (Pausa) Después de la otoplastía, la rinoplastia es la cirugía más común… ¿Y por qué? Si esta pobre y tan útil protuberancia en el rostro no molesta… ¡Al contario! A más grandes las fosas nasales, mejor es el olfato. Esto no está chequeado, pero asumo que funciona así. ¿Una nariz grande, perjudica a los otros cuatro sentidos? (Pausa) Esa es la pregunta que me hice esta mañana mientras me olfateaba al espejo, la que me disparo un mundo de respuestas y nuevas preguntas. Me di cuenta que, en nuestra sociedad contemporánea, capitalista y occidental, el olfato está muy subestimado. Un sentido que casi no es incluido en el mundo de las artes… pero, cuando sí, es una experiencia distinta al resto. Entonces… ¿Por qué no incluirlo? La arquitectura, la pintura, la escultura, la música, la danza, la literatura, el cine, el teatro… ¿En cuál se valora la percepción olfativa? (Pausa) Cuánto disfruto del maravilloso aroma de un mobiliario de roble, el de la pintura fresca en un lienzo, el del yeso mientras fragua, el sudor dulzón de las bailarinas durante su despliegue o el nervioso y estrepitoso de un actor que entra a escena, el olor a papel añejo de un libro viejo… en fin. Cosas de narigón.

Pausa. Agarra el vaso de agua. Lo menea como si fuera una copa de vino, lo cata y lo olfatea.

 

 

        Hombre:  Disculpas. Estoy apabullado de aromas. Hablar mucho, para colmo, me genera mucosidad. (Se sorbe los mocos) El agua siempre es bienvenida en estas cuestiones. Es neutra. Como dicen, inodora, incolora y sin sabor. Me permito decir que es una gran mentira. Este agua de la canilla, que tanto le agradezco a la producción, huele a cloro y a plomo, y a tantas otras cosas que podría tardarme la noche entera en enumerar. Pero en relación a otras cosas, es neutra. Me centra, me reinicia y me sosiega. (Pausa) Tener este sentido del olfato, también es una maldición. Por eso me divorcio, por deductivo y narigón. ¿Alguien sabe en qué se diferencia, fundamentalmente, el olfato de los otros sentidos? (Pausa) En el tiempo. Cuando me haya ido de acá, ya no me verán. Cuando mi voz deje de resonar en sus oídos, ya no me oirán. ¿Alguien me quiere tocar la mano? ¿No? Está bien, yo tampoco querría. Cuando dejen de tocar lo que estén tocando, ya no lo sentirán. El gusto es el único que comparte parcialmente esta facultad. Pero el olor… incorpóreo, invisible, inaudible, pero perseverante en el tiempo. Mi mujer, próximamente mi ex, tiene un olor propio, así como cada uno de ustedes. Tan único como las huellas dactilares, la disposición colorimétrica de los ojos o la cantidad de vellos en el cuerpo. Cuando uno tiene un sentido muy desarrollado, es acompañado, también, por una memoria virtuosa. Mi mente es una biblioteca de aromas y, aunque el vocabulario no me dé lo suficiente para nombrar o describir cada uno, los puedo diferenciar a todos. Ése en mi castigo. Hoy me divorcio, por deductivo y narigón. Porque el olor trasciende tanto como una mentira. Mi mujer sabe que peco de omnisciencia, por culpa de esta nariz… y, así y todo, eligió la mentira.

Silencio. Hace lo mismo que antes con el agua.

        -Hombre:  Así que… no digo esto para cambiarle la vida a nadie. Sólo para que consideren apreciar a sus narices, tal cual son. ¿Soy un idealista? Debo serlo. Ojalá tomen consciencia de la herramienta que tienen, no delante de sus narices, sino justo en ellas. Y como le dijo el tío Ben a Peter Parker: “Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

        El hombre sale arrastrando las chancletas.

        -Hombre:  Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egito, las doce tribus de narices era; érase un naricísimo infinito, muchísimo nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito…

 

IMPRONTA SERIGRAFÍA
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