Por María Carolina González Granara | @carogonza80

 

Las despedidas de soltero, por lo general, son bastantes parecidas entre sí.

Las mujeres festejamos casi siempre en lugares con strippers y los hombres contratan a mujeres para bailes eróticos y cumplir fantasías sexuales. Hace unos años atrás decidimos casarnos con mi pareja.

Mis amigas me organizaron una despedida de soltera súper divertida con juegos, alcohol, risas, estuvo estupenda. Pero esa es otra historia.

Unos días después de mi festejo, a mi futuro esposo le esperaba una noche con amigos, alcohol y mujeres.

Por un error de logística del organizador de la noche, llego a mí la información de la fecha, la hora, el lugar y los números de teléfono de las chicas a contratar.

Me parecía muy divertida la idea de tomar cartas en el asunto considerando que mi pareja merecía un festejo mejor.

 

 

Y en absoluto secreto empezó mi plan.

Me puse en contacto con las chicas contratadas para contarles mi idea. Ellas me enseñaron a bailar de manera sensual como esa noche lo requería.

Estuve una semana bailando frente a mi espejo, al salir de la ducha, practicando mi performance.

Me compré para la ocasión una ropa muy linda, negra, me miraba al espejo vestida así y no podía creer lo hermosa que estaba.

La experiencia de ocultar esa información a mi prometido me divertía muchísimo, estaba segura que mi sorpresa le divertiría mucho a él también.

Esa noche, mi prometido se bañó, se perfumo, se vistió, estaba hermoso…  y se fue al encuentro con sus amigos, contento sin sospechar nada de lo pasaría después.

 

 

Mientras tanto yo me preparaba en la casa de una de las chicas.

Fuimos juntas hasta el lugar de la reunión. Era un quincho, con aproximadamente 30 hombres, la mayoría ya en estado de ebriedad, que se reían y gritaban todos juntos lo que hacía que fuera inentendible el bullicio.

Al ver que nuestro auto llega al lugar, los gritos se intensificaron y se mezclaban con silbidos y aplausos como fanáticos en la cancha.

En primer lugar, bajaron del auto mis nuevas amigas, yo esperaba mi momento sin ser vista aun por nadie.

Las chicas entraron a la fiesta, sorteando a los borrachos de la entrada, bailando y conquistando a los muchachos.

 

 

Fueron directamente en busca de mi prometido. Una de ellas acomodaba una silla en el medio del tumulto masculino, las otras dos chicas lo sentaron, taparon con una venda sus ojos y ataron sus manos al respaldo de la silla.

Los 30 amigos observaban inquietos ese juego tan divertido.

Mientras las chicas bailaban alrededor de la silla, mi prometido comenzaba a inquietarse.

Entonces, bajo del auto, tomo aire, me paro firme y camino hacia el medio del tumulto lleno de testosterona.

Hago mi entrada triunfal y los gritos aumentaban mientras avanzaba hacia mi pareja escuchaba “¡¡¡Noooo!!! ¡¡¡Mirá quien es!!! ¡¡¡ Te va a matar!!!! ¡¡¡Está buenisimaaaa!!!”. Mientras más gritaban, más nervioso estaba mi pareja y más me divertía toda la situación. Todos querían tocarme o besarme, pero ninguno lo hizo.

Llego hasta el centro. Me paro detrás de la silla donde estaba el aun soltero maniatado y con los ojos vendados, me inclino hacia él y le susurro al oído con una voz un tanto impostada: “Hola, ¿sabes quién soy?”, él no contestó nada…

 

 

Entonces, comienza la música y yo recorro con las puntas de mis dedos sus hombros y sus brazos y siento cómo se tensiona y cómo se agita su respiración.

Me siento sobre sus piernas y le doy un beso suave en la frente, uno en cada mejilla y luego apoyo mis labios sobre los suyos.

Nuestras bocas se reconocen, se gustan y se funden en un beso apasionado.

Vuelvo a mi personaje de bailarina, me pongo de pie y comienzo a liberarlo de las ataduras, de una manera muy suave, muy sensual. Primero desato sus manos y, colocándome nuevamente sobre sus piernas, descubro sus ojos.

Su cara de sorpresa al verme fue inolvidable.

Sus ojos se llenaron de alegría, comenzó reír a carcajadas y me abrazaba fuerte como pidiéndome que me quede a su lado.

Mis amigas bailaban, animando la fiesta.

En poco más de una hora llegaron al lugar el resto de las invitadas. La fiesta siguió hasta el amanecer, entre tragos, amigas y amigos, música, juegos, diversión, humor y algún que otro amor de una noche.

 

 

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