La historia acerca de la llegada de criminales nazis a nuestra país, tras la segunda guerra mundial, está plagada de mitos, leyendas, teorías conspirativas y relatos que se abrazan con el delirio. Si Hitler pasó sus últimos años aquí, si se realizaron experimentos genéticos para lograr la supremacía racial, si la CIA los protegió para evitar el avance del comunismo en América Latina, etc.

Lo cierto es que, luego de decretarse la rendición alemana, Argentina se había transformado en un santuario de paz para estos devenidos veteranos de guerra, donde migrar y empezar de nuevo, con nueva identidad. Una nueva vida en una comunidad donde los acogió sin sospechar que el vecino de sonrisa sincera, laborioso, esposo y padre ejemplar, escondía un historial de asesino perverso y despiadado.

Nada de esto hubiera sido posible sin el accionar conjunto, con un mecanismo perfectamente aceitado, entre el Vaticano, la Cruz Roja, y el entonces gobierno argentino del Gral. Perón (Rodolfo Freude, organizador de una red de ayuda para muchos nazis que huyeron hacia América del Sur, fue secretario privado del presidente).

En la Santa Sede, se pergeñó lo que se conocería como el “Pasillo Vaticano”, un escape seguro sin sobresaltos para Adol Eichmann, Eric Priebke, Joseph Mengele y Ante Pavelic, entre tantos otros, hacia nuestro país, Chile y Bolivia.

 

ODESSA EN EL CONURBANO

Con ese nombre se conoce a la Organización de Antiguos Miembros de las S.S., que ayudó a ex miembros nazis a escapar de Alemania hacia nuestras latitudes.

En Argentina, algunos de los sitios predilectos para formar populosas colonias (seguramente por la similitudes con la belleza de los paisajes teutonicos), fueron en La Patagonia, con epicentro en Bariloche,y en Córdoba, principalmente en Villa General Belgrano. Aunque también es un secreto a viva voz que “la diáspora germana” también se disgregó en varias localidades del Gran Buenos Aires.

Ciudad Jardín (Partido de Tres de Febrero), inaugurada en 1944, fue un proyecto ideado y creado por Erich Zeyen, un inmigrante alemán y empresario de la construcción, a través de la empresa F.I.N.C.A. (Financiera Industria Nacional Construcciones y Anexos S.A.) con el ideario de construir casas estéticamente agradables y bien agrupadas, en espacios sereno, guardando armonía entre ellas. Una ciudad-campo autosustentable, donde fuera posible disfrutar de los beneficios de lo urbano y de lo rural.

 

 

El domingo 16 de enero de 1944 salió publicado en los diarios que, tanto FINCA como otras empresas hermanas (CALICANTO Y LAMPE), figuraban en la lista negra de los aliados.

La delicada situación que atravesó la empresa, respecto del origen germánico de sus directivos, los obligó a fortalecer lazos con empresarios y contratistas de la misma nacionalidad. Esto favoreció un proceso de inmigración alemana tras la derrota bélica.

A su vez, las relaciones con la comunidad alemana en Argentina se fortalecieron. Se crearon, al menos, dos instituciones alemanas de relevancia: el Club Alemán de Palomar “Chispas Rojas” y el colegio Alemán de Palomar (Gartendtadt Schule). También se creo el club de bolos “Kegel Club Blitz”. Ciudad Jardín era frecuentemente visitada por personalidades alemanas de renombre.

 

PARA MUESTRA, UN BOTÓN

Ante Pavelic: el “fuhrer croata”, vivió en una casa de Aviador Mermoz 643 (Ciudad Jardín), propiedad de los organismos de ayuda social del gobierno. En 1951, el gobierno de Yugoslavia solicitó su extradición; desde Argentina desconocieron la existencia de alguien con ese nombre.

Una tristemente célebre personalidad destacada fue Adolf Galland, general de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana durante la Segunda Guerra.

Otra localidad del oeste bonaerense que, sin responder a lógicas arquitectónicas, paisajísticas ni vinculares, también fue asilo de nazis, es Villa Ballester perteneciente al Partido de General San Martín.

 

MI VECINO EL ASESINO

De la investigación que dio origen al libro “Nazis en las sombras” (Julio B. Mutti), se desprende una extensa lista de datos escalofriantemente reveladores, de los que sólo haremos mención de algunos: “el inspector Luciano Goldaraz siguió, al menos durante las últimas semanas de marzo, a Fandrich con la esperanza de que Becker se presentara en su librería de la calle San Martín 388 o en su casa de Villa Ballester, calle Entre Rios 456”.

Karl Fandrich era un librero frecuentado por nazis y fascistas de todos los barrios; mensajero de S.D. y trabajó para Siegfred Becker.

Herbert Habel, un ex oficial de las S.S. alemanas, aseguró haber conocido a Perón y dijo que, el entonces presidente, lo ayudo a tramitar un documento con su verdadera identidad (en su documento figuraba con el nombre de Kurz Repa), aseguró haber combatido en la Segunda Guerra con el grado de capitán (en Leningrado y durante el desembarco de Normandía). Dijo haberse casado en Buenos Aires en 1956 y haber trabajado en la construcción, e incluso ser dueño de su ferretería.

Lafayette 371 (vieja numeración) era la casa de Paul Wellmann, donde poseía un bunker subterráneo para ocultar material de propaganda, panfletos y listas de camaradas, miembro del partido nazi (3.758.529).

El 26 de noviembre de 1942, la Policía Bonaerense realizó un allanamiento en la calle San Luis 356, donde se escondían dos prófugos del acorazado Graff Spee.

En 1941, la organización Acción Argentina denunció, ante la comisión investigadora de las Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados, al bar ubicado en Rivadavia y Lafayette: “Posiblemente, en este negocio, la concurrencia sea mas netamente nazi. En este bar trabajó un marinero del Graff Spee”.

Finalmente, es importante destacar el sino trágico y misterioso de la figura de Josef Riedle, súbdito del Reich, el “martir” nazi de Villa Ballester que, en condiciones nunca esclarecidas, fue asesinado por criminales comunes.

 

IN REMODELACIONES Y REPARACIONES

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