Hace un tiempo atrás tuve una discusión con mi pareja acerca de las intenciones que Diego, mi mejor amigo, tenía sobre mi.

Con él nos conocimos en el jardín de infantes. Compartimos nuestra niñez, nuestra juventud y adolescencia. Cuando éramos pequeños jugábamos a los novios y nos besabamos con inocentes piquitos.

Con el paso del tiempo mi cuerpo comenzó a crecer y transformarse en cuerpo de mujer. Vi a Diego como crecía y se transformaba en un hombre hermoso. Diego estuvo siempre a mi lado, cuidándome, notando mis cambios. Si alguien rompía mi corazón, si alguien me lastimaba, Diego siempre me daba su hombro para llorar, su oído para escuchar y su cama, para dormir abrazados y secar mis lágrimas. Somos mejores amigos y el sexo no era parte de nuestra relación.

Esa noche la discusión con mi pareja comenzó tratando de convencerlo por centésima vez que Diego era inofensivo, que no tenía ningún interés sexual hacia mi. Discutimos mucho, nos dijimos cosas feas, mentiras que lastiman, palabras que son utilizadas en momentos de enojo, de gritos, cuando uno piensa solo en herir a su oponente. Y como era de esperarse, después de la discusión, llamé a Diego.

Le expliqué lo que había pasado, se ofreció para hablar con mi pareja, pero no me pareció el momento adecuado. Le pedí que viniera, que necesitaba verlo.

Mi novio, después de la discusión, se duchó, y como era su rutina de viernes por las noches, se recostó en el sillón a mirar su equipo de fútbol preferido, eso era como un bálsamo para él. Supongo que lo calmaba ver a varios hombres disputar una pelota durante 90 minutos. Nunca entendí el fútbol.

Aproveché su enojo y el partido, y me fui al encuentro con Diego. Obviamente él no podía venir hasta mi casa y yo tampoco podía ir a la suya ya que su madre estaba de visita y no tendríamos la privacidad para hablar. Pasó por mi en su auto. Yo lo esperaba en la esquina. Fuimos hasta un parque alejado unas 30 cuadras de mi casa.

Era de noche, una noche de verano que invitaba a la charla y la buena compañía. Diego es una persona hermosa, lo quiero mucho y él me quiere mucho a mi, nos cuidamos mutuamente, no ha tenido suerte en el amor, las mujeres que han compartido su vida nunca entendieron nuestra relación y celosas, se alejaban.

Diego tiene todo lo que yo buscaba en una pareja…pero es mi amigo. Nunca tuvimos sexo. Hasta esa noche.

Llegamos al parque, estacionó su auto.
Me ofreció un cigarrillo, lo encendió y sólo me escuchó…
“Mariano es un boludo, cree que vos me tenes ganas. Dice que me miras las tetas, que cuando me abrazas me miras el culo. Que la amistad entre el hombre y la mujer no existe. Que no puede creer que todavía no pasó nada entre nosotros, que bla bla bla” Yo hablaba sin parar.

Hablaba rápido y casi sin respirar, estaba ahogada con tantas palabras que en mi boca sonaban estúpidas pero en mi cabeza empezaron a sentirse cada vez mejor. Diego me escuchaba ”escupir” las palabras y me miraba fijo a los ojos mientras se le dibujaba una sonrisa libidinosa.

Cuando por fin respiré e hice silencio, con una voz sensual que nunca había usado hasta el momento, me preguntó ¿por qué crees que son ideas raras? Mi cuerpo reaccionó a aquella situación, me excité, centré mi mirada en su boca y en cómo movía sus labios al hablar, como si el tiempo se detuviera, su voz endulzaba mis oídos diciendo no se que y un impulso hizo que trepara sobre él, y sujetando su hermoso rostro, mordí sus labios carnosos.

 

Y nos enredamos en un súper beso
¡Qué bien que besa!
El sabor de su boca era suave, dulce.
Su cuello perfumado, calentito.
Tuvimos sexo en el auto, estaba muy excitada, mi amigo era hermoso y mi pareja estaba mirando fútbol. Era infiel y eso me excitaba aún más.

Llegar a mi primer orgasmo fue casi inmediato. Cuando quitó mi camisa, sentí sus labios sobre mis pechos, sus dientes y sus manos en mi cola, llegué al segundo orgasmo. El placer era constante, sus jadeos se mezclaban con los míos, su pecho retumbaba de pasión, totalmente entregada a ese hombre y dispuesta a todo, le entregué mi corazón lastimado. Y completamente dentro mío, se movía suavemente como con cuidado, con ternura de mejor amigo.

 

Y mientras nuestras bocas se juntaban en un beso, se unían nuestros gemidos, sus manos recorrían mi cuerpo en su totalidad, y las mías acariciaban el suyo. El placer era mutuo, el deseo, la pasión y nuestros cuerpos ardientes se encontraban y estallaban en lujuria. Una electricidad me invade, me hace estremecer de placer hasta dejarme inerte, inmóvil por unos segundos y volver a convulsionar de placer.

Vuelve la paz.
Siento la relajación de su pecho contra el mío.
Vuelvo a mi asiento.
Prendo un cigarrillo y acomodo mi cabello.
Diego me besa y me pide que no discuta más por él, que no tiene sentido.
Volví a mi casa, mi pareja aún miraba fútbol.
Poco tiempo después, nos separamos.
Nunca supo lo de Diego, con quien seguimos siendo mejores amigos.

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3 Comentarios

  1. Otra Hermosa Historia de Caro …un orgullo de La Tercera Mirada, una gran gran ESCRITORA…de Chascomus para el Mundo !!!!!

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