Cuenta Fati, nuestra morocha alada cordobesa que su padre con 56 años falleció por un cáncer implacable de pulmones. Ella le daba de comer, lo bañaba… Todo voló por los aires en apenas 32 días.

La tía Norma tuvo cáncer de mamas y también murió a los 56 años. La tía no toleró morir en su casa delante de su esposo e hijos y decidió mudarse con nuestra heroína para ser cuidada y acompañada hasta su último suspiro. En el camino Fati la preparó para que pueda terminar su primaria.

El tío Alfredo, una noche clara de luna, decide salir a andar a caballo. Había tomado un poco de más. El caballo cae sobre su eje y le rompe las costillas al tío. Internado aún en el hospital le da un paro cardiaco, ¿a qué edad? ¡Sí! ¡A la fatídica!

El tío Quico llegó a mi casa por que se tenía que hacer unos análisis. Lo pasaron a buscar, se hizo los análisis y cuando regresa al mediodía en medio de un calor cordobés insoportable, Fátima se asusta, lo refresca y le pone un ventilador…

El tío pasa al baño, llega un vecino a colaborar y de repente silencio… Lo sacan del baño desmayado casi, comienza a vomitar …llaman a la ambulancia…va al Hospital.

Llega su esposa, junto a Fati llorando se dirigen a ver su estado. Pasan las horas, los días, pasa una semana… pierde sangre, hemorragias.

Finalmente los médicos dan su veredicto: debe hacerse más estudios en Córdoba Capital. Corre muchos riesgos, les dan solo el 35 porciento de chances de sobrevida.

La tía le dice: “Ya sabemos, Fátima, que pasa con las personas de 56 años cercanas a vos”


Fati muerde sus labios de bronca, hace tripas corazón y firma el traslado correspondiente, haciéndose responsable de algo que nadie quería firmar… Yendo con su tío a la Capital de la Docta.

En el Hospital de Córdoba, por esas cosas del destino, Fátima se encuentra con una chica amiga, a quien tiempo atrás había preparado para rendir unas materias. La amiga decide como gauchada no cobrarle los estudios al tío Quico.

Lo derivaron al Hospital Misericordia internándolo en terapia intensiva. Fátima pasaba las noches rezando en esos pasillos para poder quebrar la maldición del 56.

De tanto calor y tantos nervios un día nuestra angelita Cordobesa se descompensó y debió pasar un día internada, también allí.

Al despertar de ese desmayo escuchó a su madre hablando por teléfono con una sra. Luego habló con Fati y la retó sin parar por no cuidarse ella misma. La Doctora le explicó claramente : “tu tío está fuera de peligro, lo operamos de una úlcera en la boca del estómago y responde perfectamente”

Fátima se levantó lentamente, aún débil y fue a ver a su tío.

Quico le sonrió. Ella respiró profundo y llamó por teléfono a su tía: “Te lo dejo a cargo, yo vuelvo a Villa del Rosario tiene 56 años y está vivo…”

Pasaron los años y el tío Quico sigue trabajando en el campo …feliz de la vida.

A veces las maldiciones solo sirven para ser rotas …

 

 

 

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Merlo, San Luis

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