Con el reciente “boom” del POLIAMOR, las parejas abiertas, los escándalos mediáticos sensacionalistas sobre infidelidades, traiciones y nuevos acuerdos de pareja, me ha surgido una nueva “picazón” con respecto a la moral construida en derredor de las relaciones amorosas a lo largo de los siglos.

Si bien, hoy por hoy, y con todo el peso de la cultura y la religión sobre nuestros hombros, a los que casi pisamos el lustro (y quizás muchísimo menos), nos parece inconcebible la idea de que la persona a la que le dimos el lugar de compartir nuestras vidas, comparta su cuerpo con alguien más que con nosotros, a claras vistas, las nuevas generaciones están abriendo camino hacia ésos rumbos.

Es que, si lo pensamos en frío, intentando no involucrar todo ese aparato perverso (hoy lo considero así) de la impuesta monogamia, la situación se pone mucho más ilógica de lo que pensamos.

Repito, para no generar resquemores, y despegar con ustedes desde un punto de partida en blanco, no me sería fácil a mí aceptarlo, ni siento que lo sea para la gran mayoría.

Planteémoslo así: una relación de pareja sana, requiere no perder la individualidad, si pretendemos una vida plena.

Cada parte conservará su intimidad con amigos, concurrirá a lugares con otras personas ajenas a la pareja, y así mismo, realizará distintas actividades que no la incluyan.

Perfecto; pero que esa individualidad no incluya sexo.

¡OH! El sexo.

Tan liberados que nos creemos con respecto al tema… pero MI persona (el otro elegido por mi) tiene terminantemente prohibido usar SU cuerpo para el disfrute sexual con otro cuerpo que no sea el mío.

Seriamente, alguna vez pensaste ¿Por qué?

Los más conservadores dirán PORQUE ES ASÍ (la reproducción de la especie sobre bases sólidas, y la familia, y el orden social…bla, bla, bla) , y punto.

Los más liberales (o que al menos se dan lugar a replantearse costumbres culturalmente impuestas) dirán: “Porque tenemos un acuerdo mutuo, y de él depende la continuidad de nuestra relación, y el RESPETO que nos prometimos el uno al otro”

Lo cierto es que se toleran cientos de situaciones de irrespeto mucho mas graves, (violencias de todo tipo) que incluso no están condenadas por la sociedad, la religión o la “moral”, como el haber tenido sexo casual.

Bien…pero ¿POR QUÉ?

¿Qué es lo que cambiaría en la otra persona, luego de haber tenido sexo fuera de la relación de pareja?

Aclaro, para evitar confusiones, nunca hemos hablado de amor, o de tener distintas parejas estables, o relaciones fijas con otras personas. Sólo sexo. Lo demás es lo demás.

No tengo respuestas. Si llegaste hasta aquí buscándolas, te he defraudado, sólo busco generarte preguntas, preguntarse cosas nuevas también es crecer. Crezcamos.

¿Miedos varios a competir con otra persona? Quizás.

Importante es no desconocer la realidad de que la mayor parte de las parejas, a la corta o a la larga, han sido infieles, confesos, descubiertos, o no, lo que señala que hay algo que estamos perdiendo de vista…o no estamos queriendo ver.

Después de todo, como dice el refrán:

DE LA MUERTE, Y DE LOS CUERNOS, NO SE SALVA NADIE.

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Ruben Zavala
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2 Comentarios

  1. Que tema!!! Hoy escuche en radio a un abogado especialista en confeccionar contratos de fidelidad con cláusulas indemnizatorias en dólares para los que sean infieles…no será mucho?

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