Por: Ana Gómez

Una vez fuimos a pasear al dique, donde Merlo y Moreno se besan la boca marrón de agua de borde. Como suele sucedernos, apuntamos las pupilas para el mismo lado y vimos unos carreros que lavaban su caballo y su pobreza. Yo tomé gotita por gotita del paseo, como comiendo despacio un helado de la infancia y crucé los dedos por detrás de mi vestido para decir “que no se acabe”.

Por sencillos se nos dan algunos premios, como una pasionaria bien de barrio, el arte de encender brasas naranjas brillando una parrilla sobre el piso, haber visto a un equipo día sábado y el amor de nuestros perros. Por rotos tenemos algunas precauciones, como los carreros entrando al dique en zapatillas, por si acaso y por los vidrios.

En fin… se van los pájaros del 20, los vemos alejarse con su vuelo pesado, cargando lo que vinieron a buscar, caranchos despiadados sobre pulmones suplicando una migaja de aire fresco.

 

 

Almendra hizo vasijas con el barro de un poema, en su taller -también- de periferia y al oeste. Ella, a veces, tiene las uñas rojas y otras veces las uñas verdes, como un cuadro completo de quien pinta una belleza. Yo quiero los cuencos para guardar sabores de lo simple: pancitos que digan “que sea para todos”, rodajas de frutas que no asusten con su precio, un campo extenso donde hacer los nidos sin que ningún fuego se coma las casillas, tus manos puestas al oficio de tejer y no al molino donde te duele revolver las urgencias de ese guiso de los muchos.

Entre tanto, la casa recibe el final de diciembre. Yo levanto pedazos del año que han quedado tirados en algunos rincones. Encuentro restos de tarde en cuarentena, cartas de jugar, preguntas pinchosas de mis adolescencias. La radio anunciando noticias enfermas, la enamorada del muro incendiándose en sus rojos, las migas de un amor para el zorzal, que viene y busca convivencias impensadas. El gato amarillo que se fue a callejear al cielo, las letras del libro verde por todos lados, mezcladas con el día, con la noche, con el aquí para allá de mis umbrales, de lo profundo al más acá y su viceversa.

Que todos somos el amor y la barbarie. Una lista larga de razones por las que se va a hacer difícil olvidar el almanaque veinte-veinte. La fe más confiada que encontré recibiendo una noche del invierno esos ángeles sutiles que enviaste, la carta que les hice, la luz de la vela y la flor blanca.

 

 

Que alguien nos dijo con voz sabia, que el cáncer es un cangrejo que se confundió de casa y hay que guiarlo a la salida. Que son finitos los hilos que nos tienen, tensando el equilibrio de la mente por encima de esta cuerda. Y mis ganas de probar con que se toma la cerveza de tu boca.

Que siempre llega un año nuevo. Aunque tengamos un dios menos al que pedirle una gambeta con la zurda. Que me gusta la bandera de Bolivia. Que Facundo se perdió por los caminos de quién sabe. Que todas las chicas que salieron de su casa y no regresan. Que la gata blanca no siguió al gato amarillo y me sigue acariciando cuando pasa.

Que la pantalla no es mi cara aunque parece. Que pasó el tiempo. Que ya no soy ninguna niña. Ni en las marcas de la piel ni en las del alma.

 

 

Paso el trapito y es 19 de Diciembre, cómo no recordar aquellos años, cuando encendimos la fuerza de otra cosa, en una crisis que no fue tan pasajera. Siempre llega un año nuevo. Hay que saber sonreír, formar a los soldados de la vanguardia sin más armas que un mirar hacia adelante, iluminar lo oscuro, que siempre llega un año nuevo. Anotar próximos versos en la lista de pendientes, tocar la flor de nácar, la mora verde que creí que estaba seca, que equivocada, si para eso se inventó la poesía, para andar despejando los detalles.

Cruzo los dedos, que no se acabe, que volvamos a pasear por un domingo, que nos espere la tarde sobre el borde, ahí donde el caballo descansa de tirar y el carro espera por nuevos horizontes.

 

 

Ana Gómez es Poeta. Autora de “Poesía en los techos” (2014); “Florida” (2017); “Poesía en la Calle” (2017); “PibxsRot@s” (2019); “Amor o Barbarie” (2020). Todos de Morbonia Editora. Me pueden encontrar en Facebook y en Instagram como “Lea Poesía”.

 

 

ARTEMISA.DECO

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