Este maldito virus modificó nuestras vidas y economías, vino para combatir lo más preciado de la Humanidad: el contacto físico, los abrazos, las salidas… la naturaleza misma de la Civilización.

Primera reacción general… pánico, limpieza de manos, alcohol y lavandina a manzanas y peras, cerrar las ventanas, aislarse, comprar todo junto… como un Huracán perverso que se llevaría nuestra tranquilidad.

Segundo paso, reinventar nuestras actividades. Las escuelas a distancia, los trabajos a través de las compus…pantalón jogging con camisas de salir… chancletas y gel.

El tiempo va pasando…vemos cantidades, enfermos, muertos… amigos, padres, tíos, primos… tristeza e incredulidad.

 

 

 

El mundo deja de ser amigable, los viajes son solo sueños lejanos e inaccesibles… la mirada es más corta y el futuro es muy cerquita.

El Pensar es uno de los grandes perdedores de esta pandemia: pensar proyectos, pensar amores, pensar juntadas, pensar bailes… pensar.

De a poco se va viendo una lucecita esperanzadora allá lejos, como un faro que guía nuestros deseos y nuestras libertades. Nos ilumina tenuemente y nos permite confiar en algo mejor.

Esta enfermedad se llevó millones de vidas y, además, deja heridas tremendas en nuestros corazones y en nuestra cabecita.

Chicos que no pudieron ir de viaje de egresados, primeros grados a distancia, Jardines de Infantes  sin “Seño, buen día”.

 

 

Separaciones, mujeres maltratadas durmiendo con el enemigo, gente sin trabajo, profesionales sin clientes, etc, etc, etc, etc…

La situación nos obliga a replantear todo: parejas, trabajos, sueños… nos hace quizás más humanos, más “disfrutadores” de momentos, más conscientes de la finitud y el goce.

Hubo menos nacimientos en 2020, menos casamientos, menos alumnos, menos tareas… un signo menos gigante y poderoso.

El 2022 está lejos y cerca a la vez… como un barco que no vemos  pero sabemos que inexorablemente llegará a nuestras costas turbulentas.

 

 

Rearmarse, confiar, proyectar, reinventar, amar, gozar, bailar… todos verbos que vamos a repetir como un mantra infinito, como la salida de un apocalipsis interminable, como un túnel que nos lleve a las fronteras del bienestar.

2022 está a la vuelta de un semáforo, de un choque, de una pasión, de un desvelo, de una inquietud, de una normalidad deseada y exigida.

Desde ahora… levanto mi copa de whisky… prendo un habano… y deseo que el año que viene… TODOS podamos ser Mejores.

 

 

INFOKUS – FOTOESCUELA

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