El 24 de marzo de 2018, Depeche Mode visitó por última vez Argentina, en el marco del Global Spirit Tour. En un Estadio Único de La Plata casi colmado por 45.000 fans que pudieron escuchar un concierto a oscuras.

La banda inglesa, oriunda de Basildon, se formó en 1980 y son catalogados por la crítica especializada como “Los Beatles del Tecno”. Consideración para nada desmesurada, teniendo en cuenta las 80 millones de placas vendidas, las performances arrolladoras en vivo, y una lista interminable de clásicos e himnos; desde los tecnos sintéticos bailables de los inicios a las melodías densas y oscuras de la últimas placas.

En su tercera visita (las anteriores fueron en 1994 y 2009), el trió conformado por Dave Gahan, Martin Gore y Andrew Fletcher vino para presentar su decimocuarto disco de estudio, el aclamado Spirit, a caballo de su hit “Where is the revolution”; invitando al despertar de las masas.

Luego de soportar la espera con la genial Juana Molina, con puntualidad inglesa, a las 21 comenzó el show. Un banquete audiovisual de calidad superior,  que duró solamente… 10 minutos.

En medio del segundo tema, “It´s no good”, las pantallas comenzaron a fallar. Los destellos se sucedieron en la canción siguiente, para finalmente dejar el escenario a oscuras durante casi una hora, amagar con retomar la normalidad por sólo una canción y volver todo a negro.

Los silbidos, insultos, el desconcierto y la desesperación tomaron por completo el estadio.  Los megaclásicos se sucedían como en un compilado de “Greatest Hits”, pero se disfrutaron como en el living de casa.

Durante las dos horas que duró el espectáculo, desplegaron una setlist no apta para cardíacos, ni melancólicos. Desde los primeros “Everithing counts” y “Never let me down again”, a los emblemáticos “Personal Jesus”, “Enjoy the silence” pasando a una deliciosa versión acústica de “Strangelove”, una que sabemos todos.

Los propios músicos ensayaron, en más de una oportunidad, una suerte de explicación a su propio estupor; dejando en claro la responsabilidad de la organización. A pesar de la zozobra, David Gahan, a sus envidiables 55 años, desplego todo el histrionismo de otrora, mostrando su mejor forma y sepultando definitivamente su etapa de adicción desmedida e intentos de suicidio.

La experiencia multisensorial de todo concierto, se limitó a la escucha y las emociones disparadas por una catarata musical de canciones deslumbrantes, que hicieron sentir “la localía” de Depeche.

Lo bizarro de la situación hacia recordar al mítico Teatro Negro de Praga: una representación muda, donde en un escenario a oscuras aparecían, estratégicamente, figuras en medio de luces y sombras.

El cierre de esta experiencia inolvidable fue un descarado gesto de provocación. Al finalizar la última canción, todas las pantallas -que sólo amagaron con  proyectar las fantasías animadas craneadas por Anthony Corbjin- se encendieron mágicamente para indicar los accesos de salida.

Un concierto inolvidable, una invitación al túnel del tiempo de dos generaciones. Canciones hermosas, un estadio de nivel internacional, y un sonido impecable, pero en medio de SOMBRAS… NADA MÁS.

 

@woter__merch

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