Como ya conté, somos una familia casi árabe, numerosa y divertida. Los asados en casa de mi hermano Guillo suelen ser para alquilar balcones… maldita Pandemia, ya vendrán esos tiempos bellos.

Matías es mi segundo sobrino, un tanque todo corazón… y cervezas. Ama pescar, cazar, estar al aire libre bajo el sol.

 

 

Mati es un pibe divino, trabajador, manejó camiones en las Rutas Argentinas, se especializo en Logística y trabaja en una gran empresa.

De chico, tenía una pica especial con su hermana Lizzy, se conocieron en envase mediano y los celos corrían a granel: helados iguales, churros iguales, alfajores iguales.

Los veo ahora charlar, reírse, y pienso que la vida es sabia. Dos pibes peleadores, ahora, son dos hermanos amorosos.

 

 

Mati es un gran asador, te hace un chancho, una vaca, un yacaré, y si le das, también un mamut le sale rico.

Al lado tiene una bella mujer, Lu, con una mirada limpia y una voz suave, todo paz, un remanso para la voragine cotidiana.

Por supuesto, en esta historia hay un galán, Santi, mi sobrino-nieto adolescente. Alto, pintón, ojos lindos, sonrisa fácil, educado, dulce… va a tener más novias que Rod Stewart…

Mati salió de Vélez -alguna falla tiene que tener-, su pasión es la pesca, va con Santi y comparten horas de charla y sol.

 

 

Es un todo terreno, le das una navaja y resuelve todo: levanta una pared y construye una casa. Te invita a Entre Ríos con esa generosidad que emana de su estilo campechano y risueño. Le gusta joder, como a todos nosotros.

Mati es un gran bebedor de cerveza, pero nunca vuelca, siempre se ríe y, a lo sumo, palma para la siesta.

Mati es mi segundo y amado sobrino… y se viene la rebelde, el caos, la fana del Millo. La quilombera hermosa, bella y rubia se acerca… con sus ojos hermosos y la puteada fácil…

 

CONTINUARÁ…

 

 

RINCÓN DEL FIAMBRE Y ALGO MÁS

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