El club Almagro se funda en 1911 gracias a la fusión de los clubes Jubile, San Martín Juniors y Lezica. Su estadio esta situado en la localidad de José Ingenieros, con la posibilidad de albergar diecinueve mil espectadores.

En su centenaria historia, paso por las distintas categorías, la mayor parte de ella en la Primera B, y tuvo mágicas temporadas en la Primera que todos sus hinchas recuerdan con nostalgia.

Luego de haber logrado el ascenso con la llegada del nuevo siglo, el Tricolor cumpliría una serie de hazañas futboleras que se cuentan de padres a hijos y de abuelos a nietos.

Contra River se recuerda el triunfo por dos a cero en 2004, con goles de Castaño y Miranda, y un muy intenso partido perdido cinco a cuatro contra el Millonario, equipo de Aimar, Saviola y Ángel, en el 2000.

En el torneo Clausura 2001, en la cancha de Ferro, el triunfo por uno a cero contra el Boca multicampeón de la década, y más acá en la línea de tiempo, la eliminación del equipo de La Ribera por penales en la Copa Argentina 2019.

En Almagro se recuerdan siempre algunos jugadores históricos, tales como Mario Belloni, Osvaldo Bruno, Hector Caprarulo, el “Lele” Figueroa, Alejandro Meloño, Enrique Planisi, Lucas Sparapani, Nico Tauber y el Beto Yaque, entre otras leyendas de José Ingenieros.

Sus tribunas siempre están repletas de familias con los colores azul, blanco y negro característicos y el paso por el buffet del club entre semana es obligado, tanto para comer un riquísimo sándwich de crudo y queso con apenas de manteca, como así también para jugar al metegol por la ficha.

Los clásicos partidos contra el rival de siempre, Estudiantes de Caseros, generan además de adrenalina, impresionantes operativos policiales donde la Bonaerense muestra sus garras con palos, motos y -a veces- postas de goma.

El barrio se paraliza por los cortes del tránsito y, desde varias horas antes, se ve que la electricidad está en el ambiente. En épocas donde la hinchada Estudiantes de Caseros venía escoltada por los “patas negras”, con patrulleros y camionetas, y se los recibía al grito de: “Sos botóon , sos botón, Pincha sos botón”.

En general, tanto de local como de visitante, el rencor futbolero transformo muchos partidos en verdaderas batallas campales con muertos y heridos de ambos lados, marcando una rivalidad de las más violentas del fútbol argentino.

En José Ingenieros, muchas veces se registraron roturas de vidrieras, robos, gases, cascotes, balas de goma, policías enajenados y corridas de familias enteras para salir de la turba enceguecida cuando se juega el clásico.

El historial futbolístico entre ambos es muy parejo y sobresalen los empates como forma de demostrar la paridad. Y se da la curiosa característica que muchos entrenadores y jugadores estuvieron vinculados a las dos instituciones en algún momento de sus ricas trayectorias.

Tales son los casos de Caruso Lombardi, Rodolfo Motta, Fabian Nardozza, Felipa De la Riva, Juan Manuel Guerra, Abel Moralejo, entre otros.

Uno de los clásicos emblemáticos se dio en 2015, cuando el Pincha ganaba uno a cero de local en la semifinal del reducido de la Primera B; Almagro lo dio vuelta y se puso tres a uno. Cuando faltaban diez minutos, los hinchas de Estudiantes empezaron los desmanes y el partido se suspendió; otra vez se repitió la película: balas de goma, gases, corridas, heridos, destrozos.

La historia de Almagro va mas allá de estas batallas barriales, es una suerte de semillero de contención para chicos que se alejan de la droga y la calle, que sueñan con los goles del Beto Yaque y colgarse del alambrado de la tribuna exultante que grita: “El Tricolor, el Tricolor”.

LAS DELICIAS DE MARÍA Y NATALIA

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