La tendencia patológica del desprecio y odio se vuelve más visible en las redes sociales, pero no deja de ser un reflejo de la verdadera identidad que tienen esas personas por fuera del internet.

En un mundo globalizado y sin fronteras culturales, la presión constante por la automatización de tareas y la búsqueda del éxito son parámetros asfixiantes y muchas veces culminan en una reactancia psicológica hacia los mismos parámetros: ser felizmente acaudalado, exitosamente productivo, activo, entre otras, pueden resultar ser cargas abrumadoras para las personas que aspiran hacia un objetivo determinado, pero ¿qué ocurre con aquellos que sí lo logran?

Antes del boom de las redes sociales, las palabras más conocidas para describir una actitud negativa eran envidia, celos, desaprobación, indignación, rabia, etc. Pero todos estos sentimientos demostrados en comentarios no son las únicas características de un hater.

Una reacción en cadena

Estos patrones de comportamiento recurrentes nacen a causa de ciertos estímulos externos dados en ambientes frecuentados como la escuela, el hogar, clubes, etc., y van tomando forma desde los primeros años. El impacto de cada estímulo psicológico puede traducirse más tarde en conductas y pensamientos inherentes a la persona; es decir, tal vez la constante reprimenda desde pequeño opacó un potencial espíritu artístico a futuro o la falta de atención de los padres motivó la búsqueda de amor en personas equivocadas. Según Einstein, toda acción genera una reacción, y si tomamos esta premisa como verdadera, podemos inferir que cómo nos relacionamos con los demás puede ser el causante de algunas actitudes que desarrollemos de más grandes. Asimismo, no sólo las acciones son las principales causas, sino que las palabras preponderan en nuestra psiquis.

Clasificamos nuestro entendimiento sobre el mundo con las palabras y el uso de estas mismas impacta en cómo nos desempeñamos en nuestra vida cotidiana. Cada clasificación representaría una lógica de fonación. El autor Masaru Emoto, investigador mundialmente conocido por sus aportes científicos sobre las distintas formas de cristalización del agua, afirma que las palabras son más que simples conjuntos de letras y que, dependiendo de su carga positiva o negativa, pueden influir en la apariencia estética de los cristales de hielo. Otro claro ejemplo del poder de la palabra es cómo crece una planta acorde le vayamos hablando.

Desde un organismo vegetal vivo hasta el líquido perciben las frecuencias vibratorias de las palabras. Ahora bien, imaginemos qué cambios tanto físicos como emocionales pueden las palabras mismas generar en un individuo.

Una de las primeras características de cualquier hater es la reactancia psicológica. Ésta se define por tratar de restaurar la libertad que se considera perdida tras ser amenazada por parámetros externos. El ir en contra o quejarse de por qué las cosas no son lo que esperan que sean es una actitud recurrente, y no sólo en internet.

Pese a que el punto de partida sea la disconformidad, existen muchos haters (la gran mayoría) que vuelcan su odio, resentimiento y frustración (en muchos casos también la tristeza está incluida) para con las personas que les generan sentimientos encontrados. Una respuesta naturalmente biológica en un infante serían los celos al ver que no recibe la suficiente atención de su madre, por ejemplo, pero ¿qué ocurre cuando tu personalidad se basa en eso?

Según un artículo de investigación de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, titulado “Los celos infantiles”, los celos tienen su punto álgido entre los 2 y 4 años, por lo que estas edades son críticas para formar los primeros cimientos de la personalidad. Cada estímulo que el niño reciba será crucial para entender las reacciones que tenga en un futuro. Sin embargo, ¿por qué los sentimientos encontrados son atributos presentes en las reacciones de muchos haters? – En efecto, las emociones más fuertes surgen cuando hay un vínculo afectivo de por medio y cuando algo nos recuerda a nuestro nicho familiar suele haber un choque de intereses.

El enfoque bloqueado

Pueden ser sarcásticos, humillantes, e incluso prepotentes, pero todas estas respuestas se ven condicionadas por una única emoción primaria: el enojo. Enfurecerse está bien, es una reacción natural que todo el mundo tiene, hasta los animales. Nos enojamos porque detectamos que algo no está bien y nos afecta directamente, o eso consideramos. No obstante, el hecho de que enojarse esté bien y que sea natural no amerita un comportamiento negativo y/o destructivo para con nuestros pares.

El hater nace cuando su enfoque de lo bueno y lo malo se ve críticamente bloqueado por, podría decirse, traumas de la infancia sin resolver. Todos tenemos nuestro concepto de lo que está mal y de lo que está bien, pero cuando nuestra actitud está afectada por las acciones ajenas que no están dirigidas hacia nuestra persona directamente, entonces la perspectiva que tengamos se distorsionará. ¿En qué nos afecta lo que haga una celebridad durante su tiempo libre? ¿Por qué enojarse cuando encontramos gente en las redes sociales que piensa muy distinto a nosotros? ¿En qué te molesta que tu vecino haya dejado la facultad para convertirse en un Youtuber? Tenemos que recordar que la reacción que tengamos y las palabras que usemos para definir a los demás, en realidad, nos define a nosotros mismos.

El enfoque bloqueado es cuando importa más lo que la otra persona haga por sobre el potencial que tiene la que decide criticar y compartir su odio a la comunidad. El movimiento #Losientohater, propuesto por UNICEF para frenar la ola de hate que se impulsó con el inicio de la pandemia del COVID-19, muestra crecientes porcentajes de actividad hater cuyos resultados son absolutamente abrumadores: casi un 70% más de gente (entre adultos y adolescentes) demostraron compartir patrones de comportamiento negativos.

Una construcción destructiva

Pese a estar condicionado por sus bloqueos personales, el hater también cuenta con la herramienta de influenciar a las masas. Hoy en día, en menos de 24 horas tu comentario puede ser leído por personas alrededor del mundo y dependiendo del alcance que tengas en redes y el uso de tus palabras, tu mensaje será más o menos efectivo para implantar una idea basada en un discurso de odio o de amor. Por eso, el hecho de que el hater es víctima de circunstancias pasadas, no lo libra de responsabilidades afectivas para con la comunidad ya que sus reacciones pueden llegar a ser los primeros estímulos externos de alguien más.

Traductora Sofía Hourclé
@rubiagenerica
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2 Comentarios

  1. Excelente …gran gran gran nota… bienvenida Sofía a L3M !!!!!!

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