Escena 1: Una familia tipo, de barrio, de clase media de CABA, desciende de su camioneta importada de marca impronunciable, una cantidad de bolsas de hipermercado (con nombre de avión) difícil de contabilizar y dando cuenta del enorme espacio y confort con el que cuenta el vehículo. Se puede inferir que es la compra del mes; pero más bien parece el abastecimiento de un refugio antibélico.

Dos escasos metros detrás, una mujer hurga dentro de un contenedor de basura, una prenda andrajosa, un juguete roto, zapatillas agujereadas, un autito con al menos… una ruedita. Sus dos nenas y su nene aguardan que Mamá Noel les conceda el sueño.

 

 

Escena 2: Millones de turistas agobiados por un año de encierro impuesto, gastan las ruedas de sus vehículos recorriendo el país.

Al mismo tiempo, se replican protestas en contra de las medidas de las nuevas restricciones, a favor de la presencialidad, en contra de las vacunas del “bloque comunista”, y favor de la libertad; apelotonados como racimos de uvas y sin tapabocas.

Mientras tanto, sanitaristas, terapistas, personal de la salud en general, se desgarran en llantos, rogando desesperados (hasta insultando) para evitar lo que fue una profecía autocumplida: El Colapso Sanitario.

 

Escena 3: Firmas de ‘delivery’ inmediato triplicaron ganancias gracias y a instancias de la pandemia; en uno de los únicos casos en donde la desgracia de tantxs puede ser la bendición de unos pocos.

 

Al mismo tiempo, sus empleados, que son monotributistas, deben contemplar el gasto por seguro, aportes y obra social, poniendo su vida en riesgo diariamente, en la ruleta rusa de la calle.

 

Escena 4: Políticos, jueces y exmandatarios fugan sus millonarias ganancias (algunas muy “flojas de papeles”) a paraísos fiscales, cuentas ‘off-shore’ y bancas escandinavas, con tal de no pagar impuestos.

Esos mismos impuestos -no abonados- son tan vitales como el oxígeno que escasea para paliar la insoportable realidad diaria de millones de familias con los estómagos vacíos y los platos llenos de incertidumbre.

Escena 5: Fin de semana casi primaveral, pleno sol, temperatura ideal. Miles y miles de jóvenes, y no tanto, se amuchan en parques, veredas y bares y restaurantes, sin tapabocas, sin distancia… sin conciencia.

Otras miles de personas resisten estoicamente (boca abajo) por la llegada de un respirador, y porque la muerte les sea indiferente.

 

 

Las postales se reproducen como roedores, poniendo en juicio no solamente la caducidad de un sistema que únicamente excluye, sino también la extrema dificultad (siendo benevolentes) de procurar el beneficio comunitario y no solamente individual, que en definitiva también redunda en el individual.

La “teoría del derrame” que tanto se intentó instalar como la panacea de los dogmas económicos, lo único que logró fue derramar fue hambre y dolor. Y la brecha, que es cada vez mayor, no es sólo ideológica y política… ES HUMANA.

 

 

MPL ACCESORIOS
MPL ACCESORIOS

4 Comentarios

  1. Una nota con el sello de agua de Pablo…mirada cristalina…pecho al viento y claridad de conceptos …un auténtico Quagliatini…como un Soldi o un Van Gogh ….inconfundible…un honor y un placer….

Dejar respuesta

Ingrese su comentario por favor!
Please enter your name here