Por Florencia Vallone (@florvallone) y Paula Quiroga (@paulaiquiroga)

Desde hace algunos meses se abrieron debates sobre el ghosting. Uno de los disparadores fue un video de Paulina Cocina, donde la misma mostró manifiesto repudio a la práctica del ghosteo ¿Pero qué significa ghostear? Para quienes no conocen el concepto, es una práctica que consiste en desaparecer, o en palabras más coloquiales, borrarse de la vida de aquella persona con la que estabas manteniendo un vínculo sexo-afectivo. Los centennials a quienes consultamos dicen incluso que también cuenta para relaciones virtuales, que se sostienen en un tiempo y luego te dejan de hablar, de seguir, o te bloquean, pero aquí nos centraremos en el primer caso. Aunque en ambos, quien ghostea lo hace para evitar asumir la responsabilidad que requiere ponerle fin a una relación.

 

 

Ghosting proviene de la palabra inglesa ghost, que significa espectro o fantasma; por ende, quien ghostea actúa como tal, dejando de responder mensajes, llamadas o demás interacciones sin ningún tipo de explicación. El argentinismo equivalente es fantasmear, y podemos decir que quien ghostea, fantasmea.

Ahora bien, claro que nadie dice que debamos continuar con un vínculo si así no lo quisiéramos. Antes de empezar a pensar en casos específicos, cabe destacar tres cuestiones. Una, que las personas ghosteadas, la mayoría de las veces, no la ven venir. Segundo, que esta práctica no es novedosa, sino que la novedad la aportan, nuevamente, las redes sociales. Entonces, de un día para el otro, la persona con quien se mantenía un vínculo te elimina de sus redes sociales. Y tercero, que el eje aquí está puesto en problematizar por qué cuesta ser lo suficientemente responsable -a nivel afectivo- como para plantear, sin vueltas, a quien tenemos en frente, que ya no estamos interesades en tal vínculo.

 

Vínculos efímeros como consumo de cuerpos

Muchas veces escuchamos frases al estilo: “¿Por qué debería poner la cara si no somos nada?” 

Pero, ¿qué es “ser nada”? Los discursos feministas nos han enseñado que si iniciamos una relación con otra persona, incluso aunque sea únicamente sexual, entonces resulta completamente necesario adquirir responsabilidad afectiva. Y eso, porque del otro lado hay un otre, con emociones, sensaciones e historicidad individual. Ello significa ser conscientes de que nuestros actos tienen consecuencias, y afectan a la persona con la cual estamos saliendo o estableciendo un vínculo emocional-sexo-erótico-afectivo.

 

 

Para decirlo de modo sencillo: la responsabilidad afectiva debe practicarse no sólo ante quien es nuestra pareja o novie, sino también ante toda persona que podamos lastimar. O, en otras palabras, si únicamente mantenemos relaciones sexuales con otra persona y no construimos algo más allá de ello, seamos responsables igualmente, porque nuestro accionar puede impactar sobre la contraparte del vínculo, quien quizás no lo vivencia de forma homóloga a nosotres.

Y, en este punto, nos preguntamos: ¿Todos/as podemos ghostear? ¿Es una práctica que tiene género?

Damos pie a este último interrogante porque, si algo sabemos en razón a la información recabada, es que el ghosteo es una práctica masculinizada. Y con ello no queremos decir que sea una práctica exclusiva de los hombres, sino que se trata de un accionar sumamente patriarcal e individualista, a partir del cual “desechamos” al otro cuando ya no cumple con nuestros deseos, pero lo hacemos sin siquiera comunicar o poner sobre la mesa nuestro desinterés.

 

 

 

Ghosting y orbiting

Según una nota de la BBC de 2018, además del ghosting, los tiempos que corren están impregnados de una práctica que, podemos decir, es incluso más cuestionable. Se trata de: Orbiting, que significa orbitar, y lleva el fenómeno un paso más allá. ¿De qué se trata? Esa misma persona que ghosteó a otra… se mantiene en órbita. Entonces, de vez en cuando aparece. ¿Y cómo lo hace? Viendo tus historias en redes sociales, retwiteando tus tweets o hasta dejando algún comentario en una publicación que ha hecho, aunque sin re-aparecer ni explicar el por qué de la pasada desaparición.

Decíamos más arriba que el eje está puesto aquí en problematizar por qué cuesta asumir la responsabilidad afectiva necesaria para verbalizar frente a un otre con quien se mantiene un vínculo que deseamos que el mismo termine.

 

Aquí, y aunque suene exagerado, las respuestas más abarcativas y explicativas son: capitalismo y patriarcado.

Capitalismo porque en las sociedades en las que impera este régimen de producción, la vida se nos presenta y aparece como un «inmenso arsenal de mercancías», como dijo Karl Marx (en el tomo I de El Capital) ; y porque en la actualidad -presente líquido y posmoderno-, la mercancía como forma elemental, podemos decir, parece haber alcanzado a las personas, convirtiéndolas en cosas a consumir. En el caso del ghosting, con un fetichismo que deviene en desencanto luego de dos o tres encuentros. Como si la relación social perdiera su “magia” luego de la relación sexual. Como si el objetivo último y primero del acercamiento a alguien estuviese motivado por el encuentro sexual ocasional, y luego de eso… fantasmear, desaparecer.

Patriarcado porque, como manifestamos previamente, hablamos de un accionar masculinizado, a partir del cual se evita o evade el cuidado hacia el otre. Pero también porque ghostear conduce a que la otra parte de la relación se sienta, en muchas ocasiones, insegura, se cuestione qué puede haber hecho mal, se culpe y sienta abandonada, además de poca confianza en sí misma y en futuras relaciones. Ghostear lastima, por eso… preguntarse y actuar en base a cómo se siente la persona que tenemos al lado no es cuestión menor.

 

 

El ghosting nos desconcierta, pero también nos frustra, nos deja con poca capacidad de acción. Es por eso que desde los feminismos se lucha por la concreción de relaciones que pongan en consideración los sentimientos y emociones, cuestiones que, por décadas, se han asociado únicamente a las mujeres y “lo femenino”. Abramos el debate, para que todas las personas, hombres, mujeres y disidencias, fomentemos y construyamos vínculos en los cuales nos involucremos de modo responsable.

Si entendemos que las relaciones sexo-afectivas son parte de la vida, luego de saber de qué se trata el ghosteo y reflexionar sobre tu propio accionar, podríamos decir: no ghostees o serás ghosteado.

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