El poeta nocturno nunca entendió la felicidad como un camino a
realizar para ser mejor.
Consumía su existencia entre desbordes de todo tipo: alcohol, mujeres, drogas… senderos peligrosos pero con la adrenalina suficiente.
Una inyección de turbulencia que le permitía recorrer la humanidad como un entomólogo observando a las hormigas, un científico de almas ajenas. Sin piedad, sin rencor, sin compromiso, tal vez casi sin pensar.

Un día el universo cruza a las personas de manera intrigante y azarosa. Encontró una suerte de alma gemela, actriz, bella, inteligente, oscura . Tan oscura como él.

El impacto fue inmediato y fue suficiente una chispa para desatar el mas colosal de los incendios de pasiones y excesos. Transitaban el momento efímero de cada jornada.

Nacían y morían en cada abrazo, en cada trago, en cada beso… en cada pinchazo de esa heroína dulce y viajera.

El poeta comenzó a entender la felicidad en esa mirada tenebrosa que pedía más y más, que lo llevaba a límites que no conocía ni quería dejar de conocer.

El poeta es un cínico simpático, canchero, culto, nunca dejaba de conversar aún estando semidormido.

La actriz es una mujer segura, sin heridas, maneja el universo con el joystick de la sabiduría eterna… un pequeña Lucifer que recorre todas las rutas sin tocar el pavimento.

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El poeta se empezó a enfermar lentamente, su oscuridad era cada vez mas luminosa cada mañana cuando despertaba.

La actriz comenzó a ser mas oscura, mas tétrica, mas despiadada… sin sentimientos gélida como un mármol italiano.

El poeta perdió agallas, valor, cinismo, poesía, charla, locura, pasión.

La bella Actriz succionaba sin parar cada una de las características de nuestro poeta. Lo dejaba seco, angustiado, confuso, sin reservas. Casi sin alma.

El poeta murió.

En la soledad del entierro, la llovizna tenue. Solo un paraguas negro delante de la tumba. Una figura femenina sosteniendo el paraguas, una actriz que sonreía con los ojos llenos de lágrimas y venganza.

El poeta a veces se pregunta si todo esto es un sueño mientras toca con sus dedos la húmeda madera del ataúd.

 

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