No hay mucha gente hoy. Paula aprovecha la computadora del trabajo para estudiar portugués. A un costado, Malena -su hija de 8 años- hace la tarea. Paula trabaja en un local de barrio donde, además de cargar la SUBE, celulares y cobrar servicios, levanta quiniela. En la vidriera cuelgan la lista de números según los sueños, los recomendados de la semana y el que “sale o sale”.

Estamos en pandemia y hay controles policiales por la restricción a la circulación. Paula mira hacia la calle, ve un patrullero y varios policías justo frente al local. Siente que va a desmayarse.

 

 

La primera vez que Paula trabajó en una quiniela fue en el verano de 2017, también a pocas cuadras de su casa. Eran muchas horas, el sueldo muy bajo y en negro, pero podía llevar a su hija. “Los primeros dos meses fueron difíciles porque estábamos desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche en un local de 4 x 3 metros. Había un sofá donde a veces Malena dormía la siesta. Pero estar 12 horas encerradas, era una tortura para las dos”, dice esta mamá de 24 años.

Madre soltera, sin mamá, con un padre que vivía lejos, hermanas que trabajaban o tenían bebés muy chiquitos, no tenía quien cuidara a su hija. “Con las cosas que pasan no podés dejar a tus hijos con cualquiera”. Paula se estremece de solo pensar en esas noticias que pasan en televisión de niños desaparecidos, violados o asesinados.

A los problemas de quién cuida a los chicos, hay que sumarle que, para los que viven en provincia, el viaje a Capital Federal implica, mínimo, dos horas de ida y dos horas de vuelta. “Si uno consigue un trabajo de medio tiempo no alcanza para pagar una niñera, y si te vas todo el día, no sos vos quien cría a tus hijos”.

 

 

Para Paula fue un alivio cuando empezaron las clases, porque eran menos las horas de encierro para la nena. Sin embargo, el alivio duró poco. Un día, al volver del jardín con Malena, Paula se encontró con un allanamiento en el local. Era un operativo a nivel nacional por juego clandestino, drogas y trata de blancas.

Gran parte de los que atendían quinielas fueron alertados del operativo, y cerraron los locales a tiempo. Pero otros, como Paula, no corrieron con la misma suerte. La estaban esperando un policía de civil y varios policías uniformados.

Los mismos efectivos policiales le dijeron a Paula que había habido toda una investigación, y que sabían que ella era sólo una empleada, pero que era parte del procedimiento. Tendría que declarar y en un par de horas volvería a su casa.

Pasó cuatro días en una penitenciaría de La Plata.

 

 

El primer día estuvo sin comer y sin tomar agua. Con un poco de vergüenza, Paula cuenta que en esos días estaba con su periodo, y que una de las reclusas le regaló una bombacha sin uso que tenía guardada, porque hasta el tercer día no se había podido bañar y su higiene era deplorable. Compartió una celda con una señora mayor, a quien cedió el colchón seco. Paula durmió en uno mojado.

Cuando hicieron el allanamiento le quitaron su celular, y cuando tuvo derecho a una llamada, no pudo comunicarse con las personas cuyos números recordaba de memoria. Por su parte, su familia se comunicó con la penitenciaria para saber cuándo iba a ser liberada, para poder ir a buscarla. No le dieron esa información. A Paula le dieron la libertad a las 3 de la mañana. No tenía plata, ni sube, ni teléfono.

 

 

Después de este episodio, Paula fue nuevamente una desempleada por mucho tiempo, consiguió algunos trabajos provisorios donde la explotaron y donde aguantó lo más que pudo. A las complicaciones de transporte, de dónde dejar a su hija, ahora se le sumaban los antecedentes.

Es mayo de 2021, estamos en pandemia. El desempleo se extiende y Paula cumple dos meses trabajando nuevamente en una quiniela de barrio, con su hija al lado, sana y salva. Estudia portugués por su cuenta, con la esperanza de que el nuevo idioma le abra alguna puerta laboral. Pero cada vez que ve un policía cerca del local de quiniela, se le sube el corazón a la boca, se pone nerviosa y ya no puede concentrarse.

 

 

Noche de Poesía por Xoa.Art (03/07/2021)

1 Comentario

  1. Otra impresionante foto de una realidad cotidiana como solo Xoa lo puede mostrar… impecableeee!!!

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