Hace algunas décadas era frecuente determinar si alguna persona era “la indicada”, para nosotrxs, deshojando una margarita: Me Gusta, No Me Gusta; Me Gusta, No Me Gusta… y así hasta que la flor quedaba sin pétalos. El resultado confirmaba o refutaba nuestras sospechas o nuestros deseos. Una manera simpática de practicar el romanticismo a una temprana edad y propiciar el contacto entre las personas.

Todo lo contrario a lo que sucede desde la irrupción impúdica de las redes sociales, casi como un principio ordenador de nuestra realidad. Cada situación, cada evento, por insignificante o relevante que sea, es expuesto en nuestra galería de arte virtual: “gracias por estos 10 años de amor”, “preparando el asadito para los suegros”, “sos el mejor regalo que me dio la vida”.

Estos son algunas de las incontables viñetas que inundan Facebook e Instagram, y que son sometidas inmediatamente al escrutinio, al cual se le confirió el poder de determinar si esa imagen le Gusta o No, a través de un Like, a una escena familiar o cotidiana que, en muchas ocasiones, son sólo una puesta, un acting que oculta una realidad diametralmente opuesta, pero que ante la necesidad de ganar un pulgar arriba, y comentarios obligados del tenor: “…pero cuanto amor” o “…que afortunados que son”, arman la escenografía perfecta de una verdad, que también puede ser virtual.

Y aunque la imagen fuese el fiel reflejo del verdadero amor, o la alegría o desgracia de una persona o familia… ¿qué genera la necesidad de masificar una declaración de una mujer a su conyuge, de un padre a su hija, que viven bajo el mismo techo, que está a su lado? ¿Qué estarían compensando 50 o 100 ME GUSTA en ese rating minuto a minuto individual?

¿Qué motiva exponer nuestra vida, y a la vez nos impide -mas allá de la actual coyuntura de la pandemia- encontrarnos, darnos un abrazo o contar nuestras alegrías y miserias por teléfono?

¿Cuántos números de teléfono sabemos de memoria? (con lo vital que puede ser en algunos casos). El WhatsApp, con todas sus bondades, es casi un dispositivo utilizado por servicios de inteligencia que nos informa, en tiempo real, si el otro está en línea, recibió y leyó el mensaje, superponiendo y confundiendo lo urgente con lo importante. Porque si para el emisor es urgente, debe serlo también para el receptor, y no nos puede clavar el visto.

En cuanto al entretenimiento, el auge de la diversión continua en esa kermesse,  que desconoce cualquier límite,  que es YouTube: donde varias luminarias nos deleitan a abriendo o envolviendo regalos, sobre-reaccionando a canciones o juguetes, jugando al Minecraft o al Fornite. Y los más ingeniosos viven de eso, dependiendo obviamente de… la cantidad de Likes que obtengan.

¿Narcisismo? ¿Llamados de atención? ¿Necesidad de reconocimiento, de ser queridos y abrazados? o necesidad de llenar vacíos generados por una lógica productivista inquisidora, que nos despoja de lo verdaderamente esencial, en busca de algo que tal vez nunca llegue, y que si llega… es efímero.

En realidad, no hay Like o Me Gusta más importante que mirar a la otra persona a los ojos, llamarla por teléfono, o abrazándola y diciéndole con la propia voz, lo que Te Gusta o lo que No Te Gusta.

 

AUTORADIO RUBEN

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