M.

M de mujer.

M de mujer y madre.

M de mujer, madre y maestra.

M de mujer, de madre, de maestra y de militancia.

 

Milito mi profesión, mi vida, mis vínculos. Milito la escuela, milito la educación, milito la docencia. Soy mujer y milito. Milto en colectivo, militamos juntas: contra los medios hegemónicos, los estereotipos. Contra aquellos que dicen ser la mayoría y resulta ser que no era tan así. Milito en cada opinión que empiezo a expulsar de mi cuerpo, que me atrevo a decir, porque antes no me animaba. Milito cuando comparto mis sentimientos y puedo ser libre.

Milito la maternidad a cada instante. Trasformando todo el tiempo (en eso ando), esos espacios instalados por el patriarcado desde hace siglos. Me metamorfoseo: soy oruga y mariposa, soy rana y renacuajo. Militar la maternidad no se hace en soledad, se hace de la mano, del brazo, y desde los ovarios junto a cientos y miles de mujeres. Si bien muchas mujeres militaron su maternidad durante cientos de años, desde hace un tiempo, siento en el alma y en el cuerpo cómo es maternar en colectivo. Sostenernos, acompañarnos, susurrarnos y por sobre todo respetándonos. Menos prejuicios y más abrazo, más escucha.

No quiero romantizar la militancia, porque lejos está de eso. La militancia es estar en movimiento. Vivir y crecer. Aprender, transformar y compartir.

 

Todo hecho es político. Cada frase y cada acción. La educación también lo es. Las escuelas, las aulas, los guardapolvos, los actos escolares. Aquellos libros que dicen una o cual cosa; todo está atravesado por la política. Y nosotres militamos esos espacios. Hoy, en este  contexto salvaje, les docentes militamos la escuela. La escuela como espacio de contención, de alegría, de hambre, de lágrimas y de encuentro. Un espacio en donde las palabras y las miradas construyen mundos y realidades. Hoy les docentes, incluso mediante la virtualidad, siguen sosteniendo y acompañando. Somos nosotres los y las que ponemos el cuerpo, el corazón e incluso nuestro dinero para que la escuela y los vínculos que allí se entrelazan no se pierdan en el ciberespacio. Somos profesionales de la educación y estamos en constante movimiento. No nos quedamos quietes, aprendemos y nos reinventamos. Militamos la escuela pública. Algunes lo llaman fracaso… quizás quienes nunca pisaron un aula pueden decir que una trayectoria escolar es un fracaso. Con todo lo que eso conlleva, porque detrás y delante de esa trayectoria escolar hay una vida, una familia, sueños y necesidades. Es nuestra trayectoria, no es un fracaso. Es un recorrido en proceso, en construcción, en movimiento y en constante militancia.

 

 

Tomo un fragmento de las palabras de una compañera del D.E 14° Laura Martínez:

“La ministra NO docente.

Que se sienta y vomita. Vomita y sonríe toda linda y blanca y privada.

Y les dice a las familias que vomiten con ella porque somos malos, brutos, pobres y viejos pero podemos ser mejores, sólo que no queremos”.

Ella milita el odio y vomita desprecio… yo milito las palabras justas, los sueños, los espacios en que los abrazos sostienen cada trayectoria. Milito la vereda, los grupos de WhatsApp y cada ventana de Zoom: me meto, la atravieso, a veces salgo herida, pero siempre, siempre, con dignidad, jamás fracasada. Me falta caminar un gran recorrido, pero les compañeres con experiencia y recorrido, con mirada amplia y amorosa (los que ella llama viejos) están acá compartiendo sus viajes, militando cada espacio. “Las zapatillas tienen suela para rato”.

 

Milito la escuela y la maternidad.

Milito mi vida y mis vínculos. La militancia nos nutre, nos transforma y nos genera un movimiento constante. Un movimiento colectivo, en conjunto con otres.

No estático, es en movimiento. El fracaso es estar quieta y pensarme realizada.

M de movimiento y metamorfosis.

Metamorfoseándome mientras me muevo, mucho me muevo.

M.

 

María Belén, mujer, madre y maestra de la escuela.

 

 

DULCE MÍA – PASTELERÍA

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