Es una de las precursoras en la lucha por la igualdad de derechos en su Salta natal. Una lucha incansable contra todos los prejuicios y poderes de una sociedad conservadora, que trascendió las fronteras hacia todo el país. Es miembrx de la Comisión Directiva de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT), miembrx de la Comisión Directiva y Coordinadora del NOA de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros Argentina (ATTTA). Fundadora y Tesorera del Grupo Transparencia Salteña; asesora del gobierno en temas de Género y Diversidad, entre otros tantos cargos honorables, allanando un sendero, marcado a fuego, para las generaciones venideras.

 

Iniciar por el camino hacia la transexualidad, siendo una infante, para mí fue la decisión más difícil que tome en mi vida. Nunca me imaginé ni pensé en las consecuencias que me podría traer, porque a través de ataques y persecuciones, como el rechazo social que sufrí en más de una oportunidad, me hizo dudar si había tomado la decisión correcta.

 

 

La vida a mis inicios por este camino fue muy dura para poder llegar a la máxima de mi transición, también lo fue lograr sostenerme en el tiempo. Fue raro e imposible en su momento, por la reacción de gente hacia mi persona, con la nueva identidad que había elegido.

Jamás comprendí a la sociedad por qué reaccionaba mal al verme, incluso por qué me insultaba, un día hasta me pegaron en la calle, sólo por ser como era. Mi vida estaba en peligro permanentemente. En lo personal, llevaba dentro mío fuertes emociones, que con el tiempo me transformaron en una persona triste, quizás resentida, es lo que veo hoy, hilando fino, con una mirada fría y muy crítica hacia mí. Fácil no fue, pero me sirvió para desconstruir y comenzar siempre de nuevo.

Todo esto pasó por la inexperiencia de ser niño/a o adolescente diría. Al no tener un estado presente, a la ausencia de mi familia que me deberían cuidar, protegerme, creo que esa fue la falencia más grande que tuve en mi vida, que me formó en la lucha por sobrevivir vulnerable, en tensión permanente. Estaba, en mi mente, presente la psicopatía y la locura.

Tuve que abrirme camino en esta sociedad para tratar de sobrevivir. Puedo detallar que hubo muchos días de vivir en situación de calle, las peores fueron las noches de crudo invierno; rescato que pude sobrevivir un tiempo como quería y hasta pasé desapercibida, ya que trabajaba mucho, pero todo lo que hacía era poco para los demás.

Sentí que las exigencias fueron el doble para mi, en ellas estaba siempre en juego mi elección o mi identidad autopercibida. Esa libertad ansiada, por lo general, se me escapaba de las manos, que en lo personal veo que siempre dependía de alguien con poder.

Vivir así para mí era normal, como lo era para todas las “mariconas” de la época. La policía usaba las leyes de aquel momento, hasta tu DNI para estigmatizarte, te hacía volver a la realidad. La realidad en aquellos años para nosotrxs era normal, conocí a mucha gente que jamás volvieron a ser ellas mismxs.

No sé cómo sobreviví, pero creo que fue a través de constancia, ingenuidad. Quizás, por tener un sueño y la “utopía” de creer que podrían cambiar las cosas, esto me daba esperanza y hacía que volviera a comenzar de cero.

 

 

“AmÉ la vida, amaba estar viva pero más amaba ser una mujer Trans”

Para una persona común, las cosas ya eran difíciles, para mí lo fue más. Comenzar una transgresión de tal magnitud, cosa que era algo impensado para cualquiera en aquel momento, provocaba una desestabilización total para la sociedad y la familia también.

Todo lo que describo son recuerdos que guardo en mi memoria. A través del tiempo, por lo general, veo que se repiten situaciones similares de mi vida en diferentes momentos que pudo traer consecuencias terribles en el camino para llegar a mis casi sesenta años.

Por lo general, mi vida se entrecruzaba con una variedad de sucesos pero con el tiempo terminaba en una celda. Haga lo que haga, era recurrente siempre la violencia institucional. El desarraigo, la marginalidad, por lo general marca siempre la pérdida de mi identidad, que era lo más grave de todo.

Una locura vivir así para cualquier persona, sea trans o no, hasta el 2012, que cambio todo con la Ley de Identidad de Género Nº 26.743. Pero en la actualidad, todavía se nota la ausencia del Estado como la falta contención familiar, y con todo lo logrado, igual se vive al borde de la locura y la marginalidad.

En pandemia y a través de la ONG, sostuvimos la ayuda de 120 mujeres trans y personas LGBT, y muchos de sus familiares, a pesar de la ausencia del Estado, con módulos alimentarios que conseguimos de distintos lugares.

Fui pionera desde los 16 años, en el ‘77 fui una de las chicas trans que salió en una murga, a pesar de la prohibición. Ya estoy pisando los 60 años, y no estoy para estar en el carnaval, pero sí para seguir alentando la cultura y el folklore trans y LGBT.

Fundé mi primera organización hace 20 años, o sea que la militancia me persigue. Soy una sobreviviente dentro de lo que es la comunidad trans, porque el promedio de vida es de 35 años.

Mi hermana fue víctima de femicidio en 1981 y yo crié a sus 2 hijos. Y yo fui perseguida y presa por una causa inventada, te pelaban, te desfiguraban. No tenía a quien recurrir. Deje de sentir lástima por mí y decidí criarlos como hijos míos.

Mi construcción viene de la marginalidad y la militancia de la pobreza que sufrí. En eso llegué a la política y en ser la primera persona trans en tener el documento en la provincia.

Trabajo en los sueños y las emociones de los demás, porque mis sueños de formar una familia tener mi hogar y mis propios hijos fueron prohibidos

 

 

JUNO – ECOSUSTENTABLE

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