Se dice que el periodismo es el “cuarto poder”, para señalar la importancia que tienen los medios de comunicación y su influencia en la población, como formadores de opinión pública (opinión publicada) y en muchos casos, como generadores de sentido común.

El Siglo XXI estuvo signado por el crecimiento ilimitado del poder de la comunicación a través de la tecnología en sus diversas variantes y formatos novedosos, como las redes sociales (Facebook, Twitter y WhatsApp), y la “Big Data”, donde básicamente se analiza el comportamiento del usuario, en cuanto a búsquedas y preferencias, y se formulan  predicciones a través de patrones observados. Tal es así que, tanto medios, empresas y los propios gobiernos, la han utilizado para ser más asertivos al momento de dirigir estrategias para seducir o convencer a determinado público.

En el documental de 2019 de Netflix, “Nada es privado”, se denuncia, a través de diversos testimonios de arrepentidos, de qué manera la empresa de análisis de datos, Cambrigde Analytica, utilizó la información privada de millones de usuarios de Facebook para desarrollar herramientas que le permitieran influir en las campañas del Brexit, la elección de Donald Trump y hasta la que ungió a Mauricio Macri como presidente en 2015… entre otros tantos “laureles”.

 

La intención de esta nota no es hacer “periodismo de periodistas”, ni análisis de medios; pero sí poner de manifiesto lo que, en muchos casos, se podría señalar como “mala praxis periodística”.

Durante el “menemato”, los medios de comunicación dejaron de ser lo que eran para transformarse en megacorporaciones mediáticas, dirigidas (manejadas) por empresarios, políticos y funcionarios en la sombra. Muchos fueron adquiridos de manera fraudulenta, o a cuenta de futuros favores; y, hasta la fecha,  se siguen utilizando como plataforma de campañas electorales, o para sostener una farsa cotidiana imposible de contrastar con la realidad.

Desde el comienzo de la pandemia, en marzo de 2020, se impuso una lábil tregua estratégica entre el gobierno, la oposición y sus medios “esbirros”; pero lamentablemente, de manera previsible, tuvo la duración de una escultura de hielo en medio del desierto.

El flujo discontinuado de vacunas (en disonancia con los millones prometidos), “privilegios escandalosos”, el esperable fuego amigo propio de toda coalición, y las estrategias de restricciones adoptadas en el marco de una crisis sanitaria mundial e histórica, donde cada gobierno adoptó las medidas que creyó más convenientes, fueron los argumentos de los que se valió la oposición para dinamitar esa frágil estructura construida que logró transmitir tranquilidad a una población desorientada y angustiada. Sumado a que estamos en un año electoral que, aunque son de medio término, más que nunca van a gravitar en las presidenciales de 2023.

 

 

Desde “el Gran Diario Argentino”, se cuestiona una por una todas las medidas que adopta el Gobierno: “por demasiado extensa y restrictiva”, “por demasiado laxa y acotada”, “por atentar contra la República, la democracia y las libertades individuales”, etc. Y el Golpe de Gracia lo asestó hace algunos días, cuando, desde la tapa, reveló la bajísima efectividad (cerca del 3% en la primera dósis) de la vacuna China; cuando en realidad hacía referencia, en el desarrollo de la nota, a la adquirida por Chile. La noticia se replicó desde sus múltiples medios, generando pánico entre sus consumidores que habían sido inoculados con la variante incorporada por nuestro país, que tiene una efectividad elevada.

Por otro lado, el portal de noticias más leído de internet presenta diariamente testimonios (incomprobables) de argentinos desesperados, en un deja vú de 2001, que después de tanto batallar y sufrir encontraron como única salvaguarda para su futuro… irse del país. Y que, en teoría, alcanzaron abrazar su sueño trabajando como camareras, lavacopas, o transformarse de mendigo a millonarios en el tiempo que transcurre la lectura de esa nota.

La ex panelista de chimentos, devenida en la conductora menos vista de la televisión, invita a inmunizarse del virus a través de la ingesta de lavandina, provocando la muerte de un nene de 5 años, luego de que sus padres le suministraran el desinfectante, sin sufrir la menor de las consecuencias, incluso victimizándose por no poder propalar semejante barbaridad sin el rechazo de colegas y cierta parte de la población.

 

 

Por último, el canal del diario mas “elegante”, fundado por Bartolomé Mitre (adquirido de manera mayoritaria por el expresidente Macri) formó un dream team con los periodistas más reaccionarios de la TV, que invitan constantemente a la rebelión y a la desobediencia, escudándose en la defensa de la “libertad”, la Constitución, la salud y la educación pública. Siempre desde  habitaciones VIP de clínicas privadas con amenities, aunque colapsadas, y de sus pupitres de roble de escuelas privadas bilingües y burbujas de cristal.

El periodismo de guerra al que alguna vez hizo referencia el periodista Julio Blanck, se practica de la manera más inescrupulosa que alguna vez hayamos tenido registro. No se ponen en juego políticas económicas que atenten contra los sectores mas postergados, ni privatizaciones, estatizaciones o la mayor o menor intervención del Estado; es un Teatro de Operaciones donde cientos de personas mueren cada día, donde el enemigo, además de ser invisible, tiene un poder descomunal y MEDIOS QUE METEN MIEDO.

 

“La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo” – Eduardo Galeano.

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