Por VERÓNICA VIRGA (43) – FOTÓGRAFA OFICIAL DE LA C.T.A.

Me preguntaron si podía escribir sobre mí, sobre mi militancia; digo que sí con dudas. Si puedo contar algo que pueda servirle a alguien, que lo conmueva y quiera participar en algún lugar, desde algún lugar…

Pienso y no creo que sea ejemplo, sólo un granito en el mar de arena.

Nunca milité lo que se llama “el territorio”. Mi territorio siempre fue mi laburo. Soy fotógrafa, y me costó mucho hacerme cargo del título, ESE que se hace TRABAJANDO.

 

 

Estudié y entré a trabajar en un espacio donde la Miitancia es Ley.

Me llevó y me enseñó de militancia, un Tipo de esos “fuera de serie”, que laburaba a destajo por causas casi perdidas.

Que le ponía imagen dibujada a la ternura, y yo aprendí de Él, y él algo vio en mí, porque me decía que tenía “el ojo mágico”.

Ahí conocí a gente que es ejemplo de militancia, que ponen vida; y formé mi mirada sobre lo que es trabajar por el bienestar de todes. DONDE LA DIGNIDAD HABITA.

La lente de la cámara es una herramienta que permite ver un recorte de la realidad que permite llamar la atención sobre algo… tal vez otra realidad. Siempre y cuando tengan la voluntad y la sensibilidad de saber que HAY OTRA REALIDAD.

 

 

Las fotos son momentos, retratos de lucha, de injusticia, de dolor; pero también de compañerismo y amor, de esperanza e ilusión.

Tuve hijos y milité la MATERNIDAD RESPETADA y sobre todo el NACIMIENTO RESPETADO, porque quería que mis hijos y los hijos de todes, tuvieran la oportunidad de nacer a su tiempo, amorosamente recibidos.

Milito con el boca en boca desde mi experiencia, y desde la escucha, que para mí, es la única forma de llegar a quien quiera escuchar.

Embarazadas o madres con niñes pequeños, que se me sentaron al lado en un bondi, o en alguna reunión, fueron (ojalá), mis pequeñas victorias.

Porque en la charla pude dejarles palabras/semillas de aliento. Ojalá alguna haya florecido…

 

 

Llegó la Pandemia y quedé dando vueltas y encerrada dentro de mi cabeza un par de meses.

Siempre me costó tomar decisiones, pero cuando fueron masticadas lo suficiente, explotan y no hay nada que las pare. Me salen por los poros; y la vida conspira, dice un proverbio popular, para que todo se alinee.

Salí a preguntar qué se podía hacer y las manos no me dan abasto para todo lo que HAY PARA HACER. Para caminar la Barriada.

Y tender Puentes, en donde me encontré con gente que le duele el dolor de los otros, y pensar que es problema de otres.

Ahí es donde crezco y siento que entablo relaciones entrañables.

Para mí, poner el cuerpo, el tiempo, y sobre todo la voluntad, es cuando SE MILITA EL AMOR.

Me siento una privilegiada, sólo puedo decir… ¡¡¡¡GRACIAS!!!!

 

 VERÓNICA VIRGA

 

 

EL YETI – DISTRIBUIDORA DE HELADOS

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