La historia que vincula a Marcelo Bielsa con Newell’s Old Boys no es una simple historia de fútbol, es una verdadera historia de amor, que trasciende fronteras y el paso del tiempo.

Ese vínculo fraternal es de tal magnitud, que no hubo que aguardar a que pase a la inmortalidad para que el “Coloso” de Parque Independencia pasara a llamarse “Marcelo Bielsa”.

Defensor rústico y aguerrido, defendió los colores leprosos  desde su debut, el 29 de febrero de 1976 ante River, hasta 1978, compartiendo el césped con figuras de la talla de Jorge Valdano y Américo Gallego. Pero no consiguió dar el gran salto esperado por todo jugador. Una lesión importante forzó su salida de Newell’s; pasó a Instituto de Córdoba, y finalmente su estrella se apagó en Argentino de Rosario en 1980.

Su campaña como jugador de la rojinegra no se caracterizó por su destreza, aunque le dio los créditos suficientes para formar parte del seleccionado argentino (integrado por todos futbolistas de la escuadra rosarina) dirigido por Cesar Luis Menotti, que obtuvo la medalla de bronce en el Preolímpico de 1976, con 21 años, en Recife, Brasil.

Anteriormente, integró el seleccionado juvenil que disputó el Campeonato Sudamericano Sub-20 de 1974.

 

 

DE SER “UN JUGADOR MAS” AL ENTRENADOR “MÁS GRANDE” DE LA HISTORIA DEL CLUB.

Su trayectoria en el club no pasó inadvertida para los dirigentes, que no dudaron en convocarlo para que se calzara el buzo de DT y se hiciera cargo de las inferiores en 1982.

Esa decisión, con el tiempo, sería trascendental, ya que pondría a la institución entre las más prestigiosas de Sudamérica de la época, y Bielsa se erigiría como el técnico más ganador de la historia.

Para entonces, comienza a forjar un método único y extremadamente obsesivo de trabajo, que más tarde haría escuela y sería adoptado por otros tantos técnicos. Y por el cual se lo comenzaría a conocer como “El Loco”.

Dividió el país en cuadrículas, recorriendo más de 25.000 kilómetros y probando a casi mil jugadores. Esa hazaña daría origen a una de las canteras más prolíficas del fútbol argentino. De allí surgirían nombre como: Mauricio Pochettino, Gabriel Batistuta y Eduardo Berizzo, entre tantos otros.

En 1988, Newell’s obtiene el título de primera, con José Yudica en el banco; y la reserva haría lo propio con Bielsa en el mismo lugar.

 

 

DEBUT EN PRIMERA, CAMPEONATO Y LA GLORIA.

El paso siguiente, la decisión lógica, la única posible para la dirigencia, sería la de premiar a Bielsa con el cargo de Director Técnico del Primer Equipo en 1990… y nuevamente, acertaron.

Ese mismo año, el del debut, lograría coronar campeón a Newell’s en la última fecha, desplazando a River, con quién venía disputando el torneo palmo a palmo.

En medio del festejo, elevado en los hombros de un fanático, inmortalizó el grito sagrado: “¡Newell’s carajo!”. Casi un exabrupto para alguien con obsesión quirúrgica para su tarea, pero que mide sus palabras con el cuidado que da un bebé a cada paso cuando empieza a caminar.

El 6 de julio de 1991, vence a Boca, que se había alzado con el Clausura, y se consagra definitivamente CAMPEÓN.

Los promovidos de la reserva conformaron un Dream Team excepcional, junto a experimentados de la talla de Gerardo Martino y Norberto Scoponi.

Al año siguiente, luego de una impensada goleada 0-6 ante San Lorenzo sufrida al inicio de la fase de grupos de la Copa Libertadores, ni el más osado de los optimistas se habría atrevido a pronosticar que ese mismo club llegaría a disputar la final ante San Pablo.

La maldición de los penales conjuró en contra de la mitad de Rosario, que tuvo que reprimir la felicidad incomparable de obtener el título continental. Esa vez, la alegría fue sólo brasileña.

Y la tristeza, que parecía no tener fin, se vio aliviada, en parte, por la obtención del Torneo Clausura de 1992.

 

 

En sólo 2 años, logró más que ninguno en la historia leprosa. De los 4 clásicos disputados con Central, ganó 3. ¿Qué más puede pedir un hincha?

Razón y locura, corazón y templanza, compromiso imbatible y resultados.

Al igual que Labruna, Ramón y Gallardo en River, el Bambino en San Lorenzo, Bianchi en Vélez, Bilardo y Sabella en Estudiantes. BIELSA, MARCELO, “EL LOCO”… en ambos lados del mostrador: AMOR POR EL FÚTBOL, AMOR POR LOS COLORES.

 

 

CIRCUS BEZAK DECO

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