Por: Lucas Krutnik.

Otra vez. Otra vez tengo miedo. Miedo del no vos.

Recién miraba los viajes a Buenos Aires y me angustiaba, porque otra vez viviré ese momento que inevitablemente me pesa desde el fondo del alma. Otra vez verte a través de la ventanilla y sentirte del otro lado del mundo. Otra vez reiniciar la cuenta regresiva para volver a verte. No sé si alguna vez podré soportarlo.

Siento que me quitan la sangre, que me seco y marchito de golpe. Y me reprendo por no haber exprimido con más fuerza los segundos de tu compañía, de no haber hecho el amor más despacio, de no haber saboreado más lentamente tus labios y no poder recordar al detalle el detalle de tus ojos.

 

 

¿Y por qué tanta penuria? ¿Si pronto nos volveremos a ver? No lo sé, pero lo sé en demasía. Todo lo vivido se torna recuerdo y te extraño teniéndote al lado. Los minutos se me escapan entre los dedos y el momento de bifurcar caminos se hace inevitable.

¿Sabés qué es lo más hermoso de escribirte? Que el sentido de estas palabras, sólo resuenan lo suficiente en tus cuerdas, cual instrumento aún no ideado, pero que no me cansaría jamás de escuchar. Que el contexto es tan profundo como el amor que me perfora la base de la existencia, a la vez que se abre paso por mi cielo para volver a perforarme. Un ciclo, interminable e infinitamente acogedor, de vos, me atraviesa con dulzura, mientras mi eje se sienta cercano al tuyo.

 

 

Nunca dejo de anhelar que puedas contener todo el amor que se genera de manera constante en mí, y con una exponencialidad más bruta que la tecnológica. Siento que crucé todos los límites de lo empírico, que no hay teoría lo suficientemente extensa ni compleja para arrimar a una explicación del despliegue de mis entrañas en tu cercanía. Porque ahora me siento en plena confianza para decirte que, de ser, sólo me siento y deseo ser a tu lado. Que someto el orden natural de mis impulsos a tus impulsos, que mis ganas de vos están más establecidas que el ciclo lunar de nuestros besos.

Y ya no sé qué más decirte, porque nada me alcanza para sosegar la pena que me causa tu futura ausencia. Lo más hilarante debe ser que todo es ilusión y lágrimas exageradas. Porque nuestras esencias viven en el espiral del amor más tierno y recíproco, lo cual no logra eclipsar en lo más mínimo el absurdo temor de no volverte a ver.

 

 

Estos días intentaré no desfasarme del presente, tan sólo abrazarte y saborearte con la fuerza necesaria para que, cada vez que trague saliva o suspire de añoranza, tu aroma a café y tabaco me plazca la base de la lengua y el vestigio de tu calidez corporal me mane de cada poro privilegiado por su capacidad evocatoria.

Te amo Marinita, mi amor sobrenatural. “Nada es para siempre”, pero la parte más terca de mí se empecina en creer que somos la excepción.

Tu Luquitas Ayún.

 

 

BELÉN CASCO – CONSULTORÍA PSICOLÓGICA

4 Comentarios

  1. Muchas gracias por invitarme a formar parte de “La Tercera Mirada”. Un grandísimo honor para mí.

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