Por: Walter García

 

ESCUCHAR

Sabemos que los oídos no tienen párpados y que el caracol interno, por más que estemos distraídos, engulle lo que suena a nuestro alrededor, lo hace cuerpo. Pero ¿a dónde va? ¿Dónde queda eso que no advertimos que nos golpea la piel? ¿Serán sus retoños aquellos inarticulables en palabras que forman los sueños? ¿Serán los culpables de nuestros sin sentidos y nuestros despertares?

No podemos dejar de escuchar, más no por eso es que oímos todo. A veces no nos oímos ni a nosotros.

¿Será entonces que la música es ese lenguaje sin palabras que abraza, ordena, organiza esa musicalidad incesante que viene de todos lados, y la hace amable?

 

 

La música es un lenguaje sin palabras, un discurso de lo sonoro sin significación, pero con sentido, que arroba al cuerpo y lo con-mueve. Puede adormecernos en los placeres alucinatorios de lo onírico en vigilia; llevarnos a los rincones más oscuros de nuestro ser; o incluso despertarnos al horror de la verdad.

Hablamos para no oírnos, sin embargo la palabra, en su musicalidad, nos hace tropezar para escucharnos.

Como dice Jean-Luc Nancy en su libro “A la escucha”:

“Escuchar es ingresar a la espacialidad que, al mismo tiempo, me penetra: pues ella se abre en mí tanto como en torno a mí, y desde mí tanto como hacia mí: me abre en mí tanto como fuera, y ‘en virtud de…’ es doble, cuádruple o séxtuple apertura, un ‘sí mismo’ puede tener lugar. Estar a la escucha es estar, al mismo tiempo, afuera y adentro, estar abierto desde afuera y desde dentro, y por consiguiente, de uno a otro y de uno en otro”.

Hay que ser valiente para escucharse realmente.

 

ADOLESCER UNA VOZ

La voz no es simplemente aquello que emitimos al hablar. Tampoco son el sonido de las palabras, o la melodía del cantante inspirado. Es todo eso y más. Es un pedazo de cuerpo que nos anotician de nuestra existencia. Es aquello que nunca termina de perderse, pues la reencontramos caprichosamente, celosamente, diferente, a cada vuelta del destino. Somos arropados por su sonancia vibrante cuando ni siquiera tenemos conciencia del mundo. Luego mutará en esa invocación de los dioses, grito primal, estruendo cavernoso, que clama por un lugar. Para luego, ir alfabestializándose y corrompiéndose en discurso, en sentido y en cierta estética de la vida. Pero su resto es ese imposible que pugna por decirse. Entonces arremete horrorosamente, desde su finitud incomprensible hacia su gravedad estrepitosa, distorsionada, visceral. Nos descoloca como cuerpo unido y nos raya el espejo.

La voz es una dimensión del decir que se funda en un campo tripartito, que reducidamente podríamos nombrar como: la melodía somnolienta, la armonía distal, y el timbre real. Pero también la fuga de sentido, la pifia, la deriva de un ser que vale por su pérdida. Es su misión perderse, salir de rodeo por la tierra desértica de los demás.

 

 

Modular la voz es metamorfosear el cuerpo, una empresa imposible que se encarga de mostrarnos cuán pequeños seguimos siendo, aún en nuestra sonata.

A veces, la voz se empecina en no soltarnos y por lo ello nos duele, nos asfixia, nos deja cicatrices en los brazos, o el estómago (donde suele acostarse con su otra boca).

La voz toma al cuerpo desde el inicio. Poder darle cuerpo a una voz es una hazaña de vida.

La voz es el último pétalo de nuestro paso por el jardín de piedras. Algunas quedan inmortalizadas, otras se apagan más rápidamente, con el tiempo.

 

Pascal Quignard – Lección Musical

“Los hombres son los ensombrecidos, esos seres de voz oscura que, hasta la muerte, vagan errantes en busca de una vocecita aguda de niño que abandonó su garganta”.

“La llamada genital es sonora, pero la voz sexuada se convierte, de repente, en voz de bajo”.

“Lo que define la muda vocal es siempre doble, siempre redobla y siempre atormenta al cuerpo con una simetría oscura que el pudor intenta olvidar, y es más que una simetría, algo ya conyugal entre la laringe y el sexo”.

Hay tanto en este pequeño libro que no me alcanza la voz para escribirlo.

 

Walter García: psicoanalista, escritor y músico.

 

AYTINO INDUMENTARIA

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