Pichi se levanta con el amanecer, agarra la pava y la pone a calentar. Queda poco gas en la garrafa y no sabe si llega para comprar la que sigue.

Es invierno, el frio aprieta en las zapatillas húmedas del día anterior. Como cada mañana despierta al Cachi, un cachito de vida enorme que le regaló la vida. Un amor frustrado, una madre que huyó a los dos años de un pibito lleno de luz y de amor.

El barrio es humilde pero solidario, está clavado en el corazón de un conurbano hostil y profundo. Una sucesión de casas a medio terminar con ladrillos sapo y con cartones en la ventana para que el invierno baje su crueldad.

El Cachi canta canciones raperas bajito, ya tiene 9 añitos y sabe que la escuela es una ayuda para aprender a vivir. Todas las mañanas sale con su padre y el carro a juntar pedazos de vida ajenas… Un cartón, un mueble, con suerte alguien le dará una medialuna o una ropita vieja.

Recorren las 15 cuadras que lo separan de la Capital Federal opulenta y esquiva. Reciben miradas dolorosas de lástima y de cinismo critico, una vez le dijeron: “es un pibito tendría que estar en la escuela ahora” y el Pichi explicó casi desnudo de emociones: “va a la tarde señora”.

Llegan a la gran urbe cargados de ilusiones, una vez encontraron una mesita de luz y otra, un sillón con solo una fallita en un almohadón.

Pichi ya tiene 43, su vida fue bastante compleja. Secundario completo, trabajo estable por diez años. Nunca le pagaron cuando lo echaron, la empresa declaró la quiebra mientras los dueños armaban otra con testaferros y seguía explotando gente.

De ahí la caída fue despacito. Trabajo en negro, changas, planes sociales… el Cachi crecía sin madre y él hacia todo lo posible para pagar el alquiler, donde podían dormir con un brasero en las noches heladas.

A media mañana paran en la panadería del Cholo, un viejo amigo de la vida que les hace un mate cocido y les regala las facturas.

Siguen el recorrido… a veces Cachi se mete adentro del container de la basura para agarrar un cartón o un cajón lleno de ilusiones.

Una vez encontraron un paquete adentro de una bolsa: había un revolver y 100 dólares con una mancha de sangre. Alguien descartó ahí un botín lleno de violencia.

Está llegando el mediodía y deben regresar al barrio. La escuela de Cachi arranca a la una y hay que bañarlo.

Preparan las ollas y el jabón para el cuerpo y el pelo, esto aplaca los olores de la basura.

Pichi le hace los fideos sin manteca ni queso, solo un poquito de aceite y mayonesa para darle algún gusto.

Cachi come feliz. En un ratito va a estar con la seño Marta, llena de pecas y rulos rojos… su amor imposible.

Se pone el guardapolvo y agarra una pulserita que encontró en la basura y que limpió con dulzura y pasión.

Hoy la seño Marta va a tener un regalo suyo… el corazón le late fuerte.

Hoy quizás ella recibe el regalo y le de un beso en la mejilla.

Hoy quizás Cachi… sonría tímido y sepa que la felicidad es un beso de la mujer amada.

 

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