ELLA

Ella no vive de su cuerpo,
ella vive por sus letras,
recorre las hojas de un libro,
como si esas historias
le pertenecieran.
Traza escenarios en su mente,
dibuja bosques, hadas y reyes,
caminos de piedra,
castillos y puentes,
pero nunca imagina un héroe.


Ella no pinta de colores sus sueños,
la oscuridad de su alma no lo permite.
Emergen de su mente delirios,
horrores, penurias,
palabras hirientes,
perdidas entre recuerdos,
recuerdos de adolescente.

NO HAY MÁS QUE PENUMBRA

Siento la tierra húmeda bajo mis pies,
me arrodillo ante una tumba vacía,
las flores ya marchitas,
el sol en la lejanía,
y mis lágrimas no paran de caer.
Mi vestido blanco, sucio,
percudido y roto,
igual que esta alma triste y perdida.
Escucho el llanto de ángeles caídos,
y en mi congoja
pierdo todo el sentido de mi ser.
No hay más que penumbra,
mis manos sucias de tierra y sangre,
y en esta oscuridad, el silencio es el rey.
Una suave brisa acaricia mi rostro,
no hay fragancia en el aire,
las flores marchitas,
el frío, la soledad, mi triste vida.

TARAREA SU CANCIÓN

Esa alma taciturna,
que vaga en la oscuridad de mi mente,
se pasea por el bosque de mis
pensamientos, tarareando su canción.
Marca a fuego la corteza de mis árboles,
por miedo a perderse.
Y tarareando ese sonido infernal,
va manipulando mis pensamientos
y mi dolor.
Me lastima en cada marca,
me transforma en cada paso.
Camina descalza en su vestido verde,
acariciando mis plantas,
para luego matarlas,
solo por diversión.
Suspira y tararea,
tararea y suspira,
se abre paso hacia mis secretos,
pues encuentra el camino,
sin demora, ni distracción.
Sus ojos negros carentes de luz
no distinguen mis colores,
no entienden de mis amores,
desamores, ni de mi pasión.
Tararea y suspira,
suspira y canta su canción,
y me va matando
conforme camina
dentro de mi bosque,
donde solíamos vivir mi alma y yo.
Su caminar cansino
es solo una teatralidad,
disfruta cada paso que da,
ensuciando sus pies con mis lágrimas
y mi dolor.
Tararea y suspira,
suspira y canta su canción.
Debilita mis ganas de luchar,
me deja sin fuerzas a cada paso que da,
y tararea y suspira,
suspira y canta su canción.
Me arrulla en sus brazos,
y me ayuda a decir adiós.

NO RESPIRO

Ese frío que recorre mi espalda
será que la muerte me tiene estima.
El aroma a azufre en mi cuarto,
habla de pecados y rebeldía.
Nunca tuve la inocencia
de una dulce niña,
pero tampoco fui mujer
de calles recorridas.
Mis días los recuerdo y olvido,
entre el olor a tierra y sangre.
Un dolor punzante me recorre,
mientras el alivio me invade.


En la oscuridad de mi pena,
mis lágrimas brotan de mis ojos vacíos,
carentes de compasión, pasión, amor,
hasta de desamores y amigos perdidos.
No hay luz al nal del túnel,
solo la penumbra de mi cuerpo
tendido a los pies de mi cama,
donde entregue mi alma.
No puedo ver, no puedo sentir,
ya no respiro.
LETRAS DEL DESTINO

Paola Rodríguez
@letras_del_destino

 

IN-SAT – INTERIOR DIVINO

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Rita Chirino

2 Comentarios

  1. Una nueva Colaboradora ingresa a La Tercera Mirada revista digital… Bienvenida Paola desde el país hermano de Uruguay !!!!!

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