Desde la llegada de la famosa Ley de Atracción, revelada a través de distintos libros de autoayuda, la tendencia individualista se ha ido intensificando a través de los años.

Desde el punto de vista político, tanto las corrientes neoliberales, como la antipolítica, supieron sacar provecho de esta postura, la meritocracia en su máxima expresión.

Todo parece lógico y sencillo desde una visión positivista de la vida, poder conectar de la mejor manera con el ámbito y las personas con las que interactuamos, sacando de esa fusión el mayor de los provechos posibles.

Un empuje necesario, rápido y efectivo.

El problema comienza cuando la famosa frase Pide y el Universo otorgará, no considera contextos, composición familiar, realidad socioeconómica, niveles educativos…bases sobre las que se desarrolla un individuo.

De esa manera, la responsabilidad recae plenamente sobre la persona, a punto tal de culpabilizar a una elección previa al nacimiento un fracaso laboral, una pérdida, un accidente…o una violación.

Entonces pues, si el Universo no responde, es porque no se supo pedir correctamente, no se conectó como debía, no se supieron trabajar los sueños de la manera que quien conduce, sí.

Tu responsabilidad, ciento por ciento.

Cuando existe un sujeto que culpabiliza a otro porque se esforzó durante ocho horas y no doce, algo no está bien. Tal como profetizaba el pensador Huxley, se genera el consentimiento de los dominados evitando el lado racional del hombre, y apelando a sus emociones mas profundas, se entrega a ciegas al sistema devorador capitalista, sin resistencia alguna.

Dentro de esos parámetros, si no se alcanza el objetivo, es porque algo mejor está por venir, noción que recuerda a la eterna promesa Cristiana del Cielo para los pobres, la zanahoria dorada de la fe y la esperanza.

Perdemos, siguiendo estos conceptos, la capacidad del disfrute del ahora, los detalles básicos, tiempo, salud, juventud, buscando una satisfacción que nunca llega. Intentando complacer a personas que no nos conocen ni tienen que ver con nuestra vida personal.

Nuestra plenitud NO debe emparentarse con el TENER, desconociendo la importancia de los afectos.

Incluir al ocio, el entretenimiento y el esparcimiento como valores vitales, sin necesidad de que estos sean objetivos productivos, ni determinantes.

Estas reflexiones atacan con virulencia a la culpa permanente de no conectar con el Cosmos“, para que El Universo conspire siempre a favor“.

 

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