Alicia volvía de la feria con su carrito de ruedas desgastado, arrastraba las piernas, el calor la hacía caminar ya tan lento… Ya no miraba hacia arriba como aquellas mañanas de sol. Sus ojos iban siempre hacia el piso.

Llegaba a casa, acomodaba frutas, como podía, lavaba verduras.
Miraba la foto de su marido en la repisa… Seis lágrimas en su mejillaY nada más.

82 años corrían sobre su fuerte cuerpo, y el amor incondicional a Carlos, su marido, que ese día cumpliría 83. Se sentó, lo miró, joven y esbelto, el traje blanco y negro, gomina, bigotes y mirada firme… Reía.

Era el día de su casamiento. Sesenta años antes. Bajaban de un barco inmenso desde el océano Atlántico. Ella vestida de novia. Él, relucía entre varios. Tocaron suelo americano y nunca más volvieron a su tierra de guerras.

Vinieron los hijos, los nietos, los bisnietos.

Hoy el barrio estaba tan cambiado, los vecinos la saludan cordialmente, pero con esas palabras y ademanes de estar viendo a una niña. Siempre se preguntaba por qué, a las personas mayores las trataban como niñ@s… Tenía arriba de 80, y ellos no habían nacido cuando ella ya se deslomaba trabajando en el hospital, a varios de ellos los trajo a este mundo.

No conocían su cabeza, sus pensamientos, su humor, sus sueños, su lucha, su tiempo, sus lágrimas, su vida entera.

No sabían de su ausencia, de su promesa, del silencio, de su olvido.

Ella y Carlos habían pactado algo. Ellos no lo sabían. Sus hijos tampoco. Seis lágrimas caerían por vez. Sólo seis…

La séptima sería su reencuentro… Ese que es eterno.

Recordó por un momento esa tarde en Plaza de Mayo y la belleza de su amada Evita, en medio de todo el pueblo feliz. Ellas, las mujeres, agolpadas, con el corazón repleto de esperanzas… Fue feliz.

Había puesto ahora la imagen de su marido, en medio de ellos, Perón y Evita lo cuidaban. Sólo esperaba el momento de aparecerse un día al lado de ellos.

La lucha nunca termina. Una tarde reunió a sus tres hijos, y les ordenó firmemente,  que los retratos quedaran siempre así, en ese orden: Evita, Alicia (cuando vaya con ellos), Carlos y Perón. ¡Porque las mujeres vamos adelante y a la izquierda siempre!

Cuando sus hijos se fueron esa tarde, se sentó y los contempló. Se durmió pensando en ellos y en Carlos, con el corazón completo de emoción, y seis lágrimas en su rostro, esperando la séptima.

 

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Rita Chirino

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