Chascomús es una ciudad hermosa. Tiene una laguna grande, donde los deportes acuáticos abundan, la pesca del pejerrey en sus aguas es habitual y el turismo lo visita cada fin de semana.

En su costanera se pueden encontrar varios locales comerciales, bares, restaurantes, y un frondoso parque, el famoso Parque de los Libres del Sur. La costanera y sus encantos son parte de nuestra vida cotidiana.

Hace unos años atrás, cuando transitaba mi segunda década, la noche chascomunense se dividía en dos grandes grupos. Aquellos que eran adeptos al boliche del centro de la ciudad, con nombre de un famosísimo músico inglés de anteojos redondos, y aquellos que elegían el local de la costanera, que debía su nombre a la unión de las iniciales de sus socios.

A finales de la década del 90, principios de los años 2000, la juventud de mi ciudad tenía una alegría única que marcó una generación.

En ese boliche de la costanera trabajaba como RRPP uno de los chicos más lindos de ese momento. Era el elegido para todo, eventos, fiestas, fotos y por las chicas. Él había estado de novio con dos de mis amigas, a ninguna de las dos las había complacido, ni sexualmente, ni como novio. Era un chico egoísta, desconsiderado, me habían contado ellas.

Yo era una joven con buenas formas, morocha, pelo casi a la cintura, que apenas superaba los 45 kilos, y los 20 años, sin deseos de pareja pero con ganas de exponer al galán como mal amante. A diferencia de él yo trabajaba como tarjetera en el boliche de la competencia, en el del centro, con nombre de músico inglés.

Éramos los más populares de la ciudad. Él era un joven buen atleta, de buena posición económica, proveniente de buena familia, el yerno perfecto. Pero un desastre como novio, según mis amigas. Yo, recién convertida en mujer, sexi, joven, linda, con buenas curvas, trabajando en la noche.

Sin embargo no nos conocíamos personalmente, por diferentes razones nuestras vidas no se habían cruzado.

Hasta el verano del 2002.

Chascomús tiene su fiesta provincial y es la apertura de temporada. Al comenzar el receso de verano, se organiza un festival donde acuden diferentes artistas del país.

Ese año fuimos contratados los dos por la misma empresa, en ese festival y nos encontramos. Él estaba contratado como relacionista público y yo como promotora del evento. Al llegar esa primera noche, me explicaron cuál iba a ser mi trabajo y me presentaron al resto de los jóvenes que me acompañarían esa noche.

Pablo, así se llamaba, era un poco más grande de casi 30 años, con un poco más de experiencia, más picardía y un sex appeal que era imposible evitarlo. Cuando nos vimos cruzamos miradas letales. Ambos supimos identificar a un depredador en el otro.

Realizamos con responsabilidad el trabajo para el cual nos habían contratado, pero hicimos lo imposible por cruzarnos varias veces esa noche, y en cada encuentro nos acercábamos un poco más.

En un momento del show, veo la oportunidad de acercarme al muchacho, discretamente me paro a su lado, lo miro y me presento: –soy Caro, ¿vos?. Bajó su mirada a mi escote, luego a mi cola y me dijo: –Pablo, muchísimo gusto.- y sellamos el encuentro con un frío pero pícaro beso en la mejilla.

Antes de volver a mi lugar de trabajo le dije: ¿te gustaría conocerme mejor? Te espero debajo del escenario.

Y lo esperé ahí. Entre pilares de madera, que sostenían las tablas. Una tela negra rodeaba la estructura y debajo las vibraciones de la música sonando le daban a la escena, que pronto viviríamos, un halo de aventura extra.

El encuentro debía ser fugaz y la aventura me excitaba, el chico no tanto. Llegó en aproximadamente tres minutos, nervioso, temeroso de ser descubierto ahí debajo.

Rodeó mi cintura con su brazo y me beso apasionadamente. Me besó muy bien, la experiencia que tenía con mujeres era muy amplia y sus besos daban cuenta de eso. Introduje mi lengua en su boca, mientras desabrochaba con rapidez su camisa. Recorriendo con mi lengua sobre su pecho, su vientre plano, llegué hasta su pelvis, al momento me ponía de rodillas en el pasto, ocultos por el bullicio y la muchedumbre.

Le practiqué sexo oral. Me puse nuevamente de pie y volvió a sujetarme por la cintura, giró mi cuerpo, colocando mis manos sobre una de las vigas de apoyo, con su dedo índice recorrió mi entrepierna, abrió mis piernas y al comprobar la humedad que salía de mi, me penetró, rápido, casi egoístamente.

-No aguantaba más:- me dijo. –Me calentás demasiado– mientras tomaba entre sus manos mi cara y me miraba con ojos grandes. Quedamos en vernos más tarde y continuar con lo que de mi parte había quedado pendiente.

Y así fue, nos fuimos juntos del evento, hasta el departamento de soltero que sus padres le alquilaban. Nuestro segundo encuentro fue realmente malo. Mis amigas tenían razón, él era una persona egoísta que solo se interesaba por su placer, sin tener en cuenta el mío.

Después de esa noche nos veíamos cada vez en más eventos, en los bares, en todos los lugares de moda del momento, pero no volvimos a tener sexo, aunque me lo propusiera cada vez que nos encontrábamos. No volvería a cometer el mismo error, pero si creía que merecía un escarmiento.

Luego de unos meses me enteré que él trabajaba en el boliche de la costanera, una noche me presenté en la boletería del lugar para poner en práctica la lección que debía recibir por egoísta. Al verme su expresión y su reacción inmediata fue una sonrisa de costado, que acostumbraba hacer como conquista. A mi me divertía mucho la actitud que tomaba Pablo cuando me veía y no podía tenerme.

Comencé a usar todo mi encanto con él, le hablaba y miraba su boca, recorría mis labios con la punta de mi lengua, acomodaba mi minifalda y mi escote queriendo mostrar siempre un poco más.

Al entregarme la entrada para ingresar, toma mi mano y la besa. Yo le digo a mi amiga que se adelante que yo entro enseguida e ingreso con él al lugar que oficiaba de boletería.

El lugar era muy pequeño, con espacio solo para una persona, una silla y un
perchero. Cuando abrió la puerta me abalancé sobre él, tomo su cabeza entre mis manos y le muerdo el labio inferior.

Entré rápidamente y cerró la puerta. Como no quería ser vista por nadie, me
coloqué de rodillas en el piso. Mientras él estaba frente a la ventana cobrando los tickets de entrada, yo le practicaba sexo oral, nadie me veía a mi pero notaba claramente su expresión corporal .

Cuando noto que está a punto de llegar al orgasmo, me pongo de pie y digo: -me voy. Y lo beso.

Su cara de desconcierto hizo que le lanzara una risa picara y lo besara nuevamente. Al salir de la boletería acomodándome el peinado en busca de mi amiga que me esperaba dentro, en la barra observo la expresión de desconcierto, ninguna mujer lo había dejado nunca con las ganas.

La noche continuó, bailamos, tomamos algunos tragos y a la hora de regresar, sin ninguna necesidad pero toda la intención, paso nuevamente por la boletería y saludo con un suave beso en la mejilla a quien le había realizado sexo oral unas horas antes.

Al sábado siguiente estaba trabajando como tarjetera en el boliche del centro de la ciudad, comienzo a repartir los folletos, y las publicidades y observo que llegan sus amigos, toman una mesa del bar y se sientan. Una moza los atiende, piden una cerveza y le preguntan en qué área del bar trabajaba yo. Pasado un tiempo llega Pablo, caminando erguido, buscándome con la mirada y una sonrisa pícara en su rostro.

Cruzamos miradas nuevamente pero yo estaba trabajando y soy responsable, así que no le presté atención en ese momento. Me propuse estar siempre al alcance de su mirada pero ignorarlo por completo.

No estaba enamorada, ni lo quería, pero sabía que me divertiría la reacción que tenía Pablo al verme y no poder tocarme. Solo tenía que esperar al chico correcto para llevar a cabo la experiencia que le demostraría a ese galán que no debía jugar con las mujeres. En un momento de la noche un lindo chico, de cuerpo torneado por el trabajo, de actitud humilde pero seguro de sus encantos se acerca a mi.

Comenzamos a hablar, a reírnos, a conocernos y noto que Pablo mira con más atención ahora mi accionar. Entonces, en complot con una amiga, acepté los halagos del muchacho trabajador de la construcción, lo tomé de la mano y nos perdimos entre la muchedumbre del lugar, caminando por el pasillo que llegaba hasta los baños del lugar.

Cuando entramos no había nadie, estaba vacío, solo él y yo. Comenzamos a besarnos. Besaba rico, tierno, suave. Colocó sus manos en mis pechos, con timidez, acariciándolos.

Desabrocho mi camisa y le doy mis pezones para que los apriete y los muerda. Pablo, nos encuentra y se queda parado en la puerta del lugar como atónito. Lo miro, hago una sonrisa pícara, apoyo mis manos sobre el lavatorio del lugar y le digo :-ups. ¿me cuidas la puerta porfis?-

Saco mi ropa interior, abro mis piernas permitiéndole al muchacho entrar en mi. Pablo no podía creer lo que veía y mi conquista no podía creer lo que estaba pasando. Frente al espejo miré la cara de Pablo al verme complacida por otro, viendo como otro me daba el placer que él no pudo, y no supo darme.

Por el espejo vi la cara del chico que esa noche me gustó y con quien tuve sexo en el baño de caballeros del boliche. Por el espejo vi la cara de excitación de los otros hombres que querían ingresar al baño y Pablo les tapaba la entrada, mientras movía su cabeza de un lado al otro con un gesto de desaprobación, de arrepentimiento.

A mi conquista no le importaba nada más en ese momento, a mi solo me importaba que Pablo mirara y aprendiera la lección, y a él le importaba yo.

El tumulto en la puerta del baño de hombres era cada vez mayor. La aventura del sexo en el baño de hombres me excitaba al extremo, escuchar los gemidos del muchacho mientras llegaba al clímax, y ver que Pablo me miraba fijamente a los ojos, provocó un fuerte orgasmo en mi que compartí con los hombres allí presentes.

Yo sonriendo pícara le devolví la mirada y muy complacida por el desempeño de mi chico me retiré del baño acompañada por él y al cruzar la puerta le digo a Pablo: -Te presento a mi amigo Martin, construye casas y es muuuuucho mejor que vos, no es para nada egoísta.

Pasé la noche con el muchacho, era de una ciudad vecina asique no tuve el placer de volver a verlo. Pablo intentó fallidamente volver a conquistarme pero no lo logró.

Mis amigas se sintieron muy satisfechas con la “venganza” hacia el galán. Nunca más estuve con él, ni trabajé en el boliche. Meses más tarde me mudé a estudiar a otra ciudad y mis aventuras sexuales fueron otras.

Hoy, 20 años después, todavía me intenta contactar por redes sociales, aunque sigan siendo fallidos sus intentos de conquista.

 

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