En mi tierna primera infancia estaba convencido de la existencia de un Reino Mágico, que no era secreto porque cada vez que iba, estaba lleno de gente que no podían ocultar su felicidad y el asombro ante tal magnificencia.

El único requisito para ir era creer en lo imposible, que lo real tuviera una frontera muy difusa con lo bizarro, y tener la plena convicción de que la fantasía siempre, sin excepción, era mucho más divertida que la realidad. Había que tener plena disponibilidad para que cada experiencia fuera aún más deslumbrante que la anterior… había que ir al ITALPARK.

 

 

Inaugurado en 1960 por unos visionarios italianos -de ahí su nombre- fue, en su momento, el parque de diversiones más imponente de Sudamérica, y no tenía nada que envidiarle a los que veíamos en las películas yankees de “Sábados de súper acción” en el viejo Canal 11.

Ubicado en la intersección de Av. Del Libertador y Callao, en el coqueto barrio de Recoleta, casi pegado a la Facultad de Derecho de la UBA y al Predio Municipal de Exposiciones, donde por tanto años se celebró la Feria del Libro.

Cuando no había auto, de la única manera que podía llegar desde Villa del Parque era con el 110, rojo, trompudo como todos los Mercedes Benz 1114, y de un recorrido laberíntico e interminable, que lo único que generaba, además de fastidio, era poner a prueba mi amplio umbral de ansiedad para llegar y adentrarme en “esa historia de ciencia ficción”.

 

 

Cruzar la entrada semejaba a ingresar por un portal a otra dimensión, donde las coordenadas espacio-temporales se confundían con la realidad. Sabía a qué hora entraba, no así a la que salía. Había que soportar el tedio de largas colas para disfrutar de algunos de los 35 juegos, para llegar al clímax de unos escasos 5 o 6 minutos de salvaje felicidad.

Por supuesto que la elección iba adaptándose a la edad: si en un principio el único fin era dar unas vueltas en Las Tazas que giraban y giraban hasta las náuseas, el paso siguiente era el Pulpo gigante que hacía lo propio con sus tentáculos, donde me aferraba a las barreras de seguridad,  en la altura.

El Teleférico era el sueño de un visionario que profetizó que alguna vez nos transportaríamos por el aire con unos pequeños carros sin ruedas ni alas. Y la segunda Montaña Rusa, la más alta de Sudamérica inaugurada en 1980, era un parámetro para poner en juego nuestra valentía y segregar varios mililitros de adrenalina en pocos minutos, sin sucumbir en el intento.

 

 

Todas mis fantasías por las películas de terror de Vincent Price y Peter Cushing, la hacía realidad en el Tren Fantasma, pero al mismo tiempo rogaba porque nunca se quedara a mitad de camino. El juego fue destruido por un incendio en 1978 y reemplazado por el Tren del Terror, donde, años más tarde, los monstruos y fantasmas más espeluznantes fueron testigos privilegiados de mi primer beso.

Los Autitos Chocadores, la pista del Súper 8 y la de Monza, cubrían mi cuota de fascinación por los autos, donde podía dar rienda suelta a mi irresponsabilidad casi adolescente por conducir un bólido a “altas velocidades”, tener un accidente automovilístico, donde las consecuencias más severas eran los intensos dolores de panza por las carcajadas ocasionadas en cada siniestro.

A mediados de los años 80, los problemas financieros comenzaron a evidenciarse en la falta de mantenimiento de los juegos, que tuvieron su trágico desenlace cuando una falla en el MatterHorn provocó la muerte de una adolescente de 15 años, la tarde del 29 de julio de 1990.

El Italpark fue clausurado y reemplazado tiempo después por el Parque Thays, un pulmón verde con una flor fotosensible que se abre con la luz del sol.

 

Como signo de los tiempos, sentí que todo lo que me generaba felicidad, quedaba relegado detrás de las mieles de la globalización y el advenimiento de una era digital que, al igual que ese parque mágico, quedó enterrado en un cementerio, dejando huérfanos de sueños a millones de eternos niños y niñas.

 

 

GAB MORTTI ART

1 Comentario

  1. Amaba el Ital Park…ufff un lagrimon…Tren fantasma e Indianápolis… únicosss….

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