MARTÍN TORRES (46) –  INTEGRANTE DE “CASCOS BLANCOS”

Soy papá de Mati de 10 y Joaco de 13, y marido de Vero, mi compañera de la vida. Soy sociólogo porque afortunadamente “caí en la educación pública”, e hice todo el recorrido en ella. Me tomó unos cuantos años hacer la carrera. Es lo que pasa cuando además de estudiar, trabajas para vivir, y además, si podés… vivís.

La vida, de forma fortuita, me puso en un lugar interesante para trabajar, y en el que pude hacer un recorrido que me llevó a conocer el mundo entero.

En el año 2003, y de la mano del gobierno de Néstor Kirchner, entré a trabajar en la Comisión Cascos Blancos, el organismo responsable de ejecutar la asistencia humanitaria internacional de la República Argentina.

 

UNA HISTORIA QUE MERECE SER CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS

Cascos Blancos es un organismo creado a mediados de los años ´90, en medio de lo que se llamó “globalización”, y que tenía como telón de fondo la caída del bloque sovietico y la desintegración de aquél mundo segmentado en dos bloques políticos, que se disputaban la hegemonía; y un tercer bloque conocido por aquellos años como los no alineados o tercer mundo.

La “apertura” al mundo de la Argentina se dio de muchas maneras, no todas beneficiosas para el país. Pero en materia de política internacional, la Argentina institucionalizó una práctica ya ejercida en otras épocas: la solidaridad internacional entre los pueblos. La asistencia humanitaria internacional, mediante el envío de ayuda a los países, cuando estos la necesitan en medio de catástrofes humanitarias.

Para ello, creó un organismo que fue reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas y que fue bautizado como Iniciativa Cascos Blancos; mediante la cual, la Argentina ha tenido presencia en casi todos los países que han sufrido desastres y han requerido ayuda internacional, demostrando nuestra solidaridad, pero sobre todo una política exterior activa, constituyéndose en un actor reconocido en este campo.

Esta iniciativa ha trascendido a las distintas gestiones de gobierno, erigiéndose así en política de estado, y dando cuenta de la importancia como herramienta de política internacional. Como tal, forma parte de la estructura del Ministerio de Relaciones exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación.

Héroes de carne y hueso, anónimos, sin capa ni súper poderes. La solidaridad, como valor constituyente, los determina: dejar a un lado todo por el otro, por el que cayó en desgracia, anteponiendo su necesidad a la propia. “Lo urgente” se hace presente como valor incuestionable; cada segundo es vital. La LLAMADA no puede esperar.

Lo más novedoso, en su momento, fue la idea de incorporar la herramienta del voluntariado, en el marco del Estado nacional. Esta experiencia le permitió no sólo expresar la solidaridad en toda su extensión, sino también ampliar las capacidades de un organismo pequeño como es la Comisión Cascos Blancos, con un staff de 40 personas que brindan apoyo operativo, logístico, de planificación y financiero, a un cuerpo de voluntarios que se compone de una cantidad importante de personas -con distintos perfiles y capacidades- dispuesta a desplegarse un plazo de entre 48 y 72 horas y por períodos que van desde los 15 días a los dos meses, en misiones de respuesta a las emergencias.

Cuando ocurre una emergencia internacional -provocada por el impacto de un evento adverso- en un país que ve superada su capacidad de respuesta y esto determina un estado de impacto humanitario severo, ese país solicita ayuda internacional o es ofrecida por terceros países, entre ellos la Argentina. Si esta ayuda ofrecida es aceptada por el país que sufre el desastre, comienza una tarea de convocatoria, planificación, preparación y despliegue del equipo de voluntarios y los elementos necesarios para el apoyo logístico a la misión. Todo ello ocurre en cuestión de horas y los voluntarios son convocados -de acuerdo a su perfil- a componer un equipo para dar respuesta en sector específico de la emergencia; por vías establecidas previamente (mail, WhatsApp, llamada telefónica) y deben definir su disponibilidad inmediatamente. En cuanto tenemos el OK del voluntario para desplegarse, comienza todo el procedimiento administrativo de viaje, seguro, viáticos, etc. para asegurar el despliegue del equipo.

En paralelo a esto, se van dando negociaciones con el gobierno del país que va a recibir la ayuda para establecer el objeto y alcance de la misión y el complemento con otros tipos y formas de ayuda internacional, y para la integración a las capacidades de respuesta local. Esta información será parte de la planificación de la misión.

 

 

SE NACE Y SE “HACE”: CUANDO UNA DESGRACIA DESCUBRE UNA NECESIDAD LATENTE POR IMPEDIR UN DAÑO INCONMENSURABLE, ENTONCES NO HAY DESEO NI NECESIDAD MAS PRIORITARIA QUE LA DE FRENAR EL CRECIMIENTO DE LA ESPIRAL ASCENDENTE DEL HORROR.

 

Comencé a trabajar en Cascos Blancos sin tener mucha idea de lo que era la asistencia humanitaria internacional, y en un principio estuve dedicado a la articulación con las universidades nacionales, en lo que respecta a la difusión del organismo, la convocatoria de perfiles para la base de datos de voluntarios y a la capacitación de los mismos. Con el tiempo fui participando de acciones de respuesta en el territorio nacional y me fui interesando en los aspectos logísticos de las operaciones de respuesta. Me forme en logística humanitaria con la Organización Panamericana de la Salud, organismo de las Naciones Unidas con el que Cascos Blancos tiene una larga tradición de colaboración en operaciones de respuesta a emergencias, sobre todo en el manejo de suministros humanitarios que es la logística del sector salud en emergencias.

El terremoto de Haití del 12 de enero de 2010 causó, en pocos minutos, el espantoso número de 200 mil muertos y millones de desplazados, que perdieron absolutamente todo, siendo una de las mayores catástrofes humanitarias de la era moderna. Matías, mi hijo menor, no tenía 20 días de nacido, y Joaquín, apenas 3 años. La dedicación que requirió esa operación fue absoluta. Podría decir que por el lapso de un mes, casi no los ví, viajando por lo menos 5 veces a la isla en el marco de las distintas misiones. Jamás me quejaría de lo que hago, y me considero un afortunado por hacer mi trabajo que amo. Lo que no quita el enorme sacrificio que me requirió a mí, pero sobre todo a mi familia, comenzando por Vero, que se vio de un día para el otro y por lo menos por dos meses, a cargo de la familia con dos bebés y uno de ellos recién nacido. Eso me enseño que sin el apoyo de ellos, sin ese esfuerzo de toda mi familia, mi trabajo no sería posible.

Mi primera misión nacional como coordinador fue en las inundaciones de la ciudad de Tartagal en el año 2006, y mi primera misión internacional fue a Bolivia un año después, para apoyar en tareas de coordinación de un campamento de evacuados por las fuertes inundaciones en la región del Beni. En el año 2008 me hice cargo de la coordinación del área de Operaciones y Logística de Cascos Blancos.

Con el tiempo se sucedieron muchas misiones importantes, pero la que sentí realmente como el bautismo de fuego por su magnitud, por el nivel de exposición por la demanda en lo personal, fue la respuesta al terremoto en Haití, en donde la Argentina desplegó -por lo menos- 4 misiones. La más emblemática y conocida fue el despliegue de un hospital de campaña, una estructura de primera respuesta en el sector salud que operó por casi 30 días y atendió a más de 2.500 personas. También desplegamos un equipo de médicos fisiatras, que trabajaron con la autoridad de salud de Haití temas de implantes y adaptación, un equipo de logistas que trabajaron con la OPS en el apoyo a la operación del ministerio de salud de Haití en lo relativo al manejo de las enormes cantidades de suministros del sector salud, medicamentos y material descartable, que llegó de todas partes del mundo. Toda esa operación requirió del esfuerzo de un soporte operativo y logístico que tenía a mi cargo la coordinación.

Por lo general, Naciones Unidas tiene muchas oficinas, fondos, agencias y programas con presencia en los países, como es el caso de UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), OPS (Organización Panamericana de la Salud),  ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), entre tantas otras, dedicadas por mandato al desarrollo, pero que tienen una responsabilidad en materia de respuesta humanitaria ante las emergencias. En estos casos, Naciones Unidas despliega un equipo con conocimiento, metodología y procedimientos para asegurar la articulación de todas sus capacidades en apoyo al Estado para hacer frente al desastre.

Con estos equipos estuve en varias emergencias también. La última, hace tan solo unos 15 días en la República de Honduras por los huracanes Eta e Iota, que dejaron más de tres millones de afectados tras su paso. Un país ya muy golpeado por la pobreza, por problemas muy profundos de inseguridad alimentaria. Un país que todavía muestra las heridas del impacto del huracán Mitch, que hace 20 años golpeó con fuerza a Centroamérica, ahora vuelve a sufrir el devastador impacto de no uno, sino dos huracanes de categoría 4 y 5 que descargaron tal cantidad de agua que dejó inundado el 50% del territorio y afectado al 100%. Fueron 30 días de misión que adoptaron una dinámica en la que no sabía si era martes o domingo, en que las jornadas de trabajo comenzaban a las 6 y concluían a las 23. Así se trabaja en emergencia, con entrega total.

 

CUANDO EL DESASTRE ES POR CAUSAS NATURALES…Y HUMANAS: LA INEQUIDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ES EL GRAN PROBLEMA DE LA HUMANIDAD”.

Lo primero que se evidencia es la inequidad y la injusticia del sistema económico, político y social, ya que los que más sufren son los que menos tienen, los que más pierden son aquellos que son más vulnerables. Cuando uno llega, desplegado en una misión de asistencia humanitaria en el marco de un sistema de respuesta a la emergencia, sabe que lo que está haciendo es una ayuda invaluable para la población afectada y para el gobierno del país que es asistido, pero también sabe que nunca alcanza y que muchas veces hay sufrimiento que no podemos evitar. Eso nos deja un sabor agridulce, al saber que hicimos todo y que pusimos todo y que ayudamos mucho, pero que también habrá quienes sufran de cualquier manera.

En el año 2012, me tocó coordinar una misión humanitaria de apoyo a una agencia de las Naciones Unidas, lo que se llama una asistencia multilateral. Una misión de apoyo al trabajo en un campo de refugiados Kurdos en el norte de Irak, lo que se conoce como el Kurdistán Irakí. Resulta que con el conflicto en Siria, los kurdos que viven en el oeste del país y que fueron forzados a migrar fueron desplazados hacia la frontera norte de Irak, en la región de Duhok, donde se montó un campo de refugiados gestionado por el ACNUR, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.

Ingresar a Irak, para nuestra misión, fue una odisea, ya que tuvimos que hacer una inducción de seguridad en una base militar en el reino de Jordania, en Amán, en donde recibimos una instrucción que repasó entre otras cosas, maniobras evasivas ante un ataque con armas de fuego, conducción de vehículos blindados y maniobras ante ataque con armas de fuego, primeros auxilios en ámbito de conflicto, uso de equipos de protección personal, formas de comportamiento ante secuestro, etc. Fueron 7 días completos de formación intensiva donde aprendí muchísimas cosas de las cuales siempre esperas no necesitar aplicarlas jamás, pero que tenés la obligación de conocer a la perfección.

El vuelo y la llegada a Irak, todos los controles, los viajes por esas rutas que cruzan el desierto, los checkpoint en la ruta, los interminables campos de pozos petroleros. Las personas, la cultura, las comidas, los colores, los sabores, la música y el arte. La calidez de la gente. Un capítulo aparte merece el reconocimiento y el cariño que genera en la gente cuando saben o se enteran del origen argentino.  Todos aquellos que se enteraban de mi origen me venían a hablar de fútbol antes que nada, de Diego, de Messi. Es interesante lo que sucede con esto, pero más interesante es tratar de entender por qué sucede esta suerte de identificación de los pueblos oprimidos del mundo con aquel que representa algo así como el que le tuerce la mano al poder, el que lo enfrenta. Entender que en materia de política humanitaria internacional hay un lugar muy importante para la Argentina en virtud de su posición política y sobre lo que representa.

Estoy convencido del rol del Estado y de la potencia de la política humanitaria internacional de la Argentina, como de la potencialidad de la iniciativa Cascos Blancos.  De todas las misiones en las que estuve, puedo decir que he aprendido mucho, que crezco como persona, que me permitió conocerme y conocer a los demás. Que cada vez que vuelvo de una misión y me acerco tanto a las injusticias vuelvo a agradecer lo que tenemos, lo más esencial. Abrir la canilla y que salga agua, y no sólo agua potable, sino agua caliente. Saber que somos 7 mil millones de habitantes en la tierra, y que mil millones no tienen acceso al agua segura, que 700 millones tienen hambre, que quienes no tenemos hambre somos privilegiados. Que no necesitamos tanto para vivir y que la inequidad en la distribución de la riqueza es el gran problema de la humanidad, y que no seremos éticos hasta que no resolvamos.

 

 

Todos aquellos con experiencia en voluntariado, en emergencias, en desarrollo, en política ambiental, etc., pueden ser Cascos Blancos, inscribiéndose en la base de datos de voluntarios a través de la página web https://www.cancilleria.gob.ar/es/politica-exterior/cascos-blancos.

 

BUENAS VIBRAS UNIVERSO

2 Comentarios

  1. Cuando hablamos de valores, de compromiso y de abnegación , acá tenemos los ejemplos…
    Si todos hiciéramos lo mismo tendríamos un Gran Gran País.
    Felicidades Cascos …buena nota Pablo
    Se sacó diez…otra vez

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