«Hoy ha sido un día de esos que te dan ganas de echarte a dormir y que sea mañana. Las discusiones en casa son insoportables. No tenía ganas de seguirle el juego y me he quedado en casa. Él se ha ido con los niños al departamento. Allí es feliz. ¡Pues bien! Que viva su felicidad… Pero solo. No necesito escuchar más lo poco que valgo y lo que tendría que cambiar.

Me quiero lo suficiente como para no escucharlo más. No hacerme más pequeña.

Sola. Sola estoy bien. Ahora sí. Me siento segura, fuerte. Y sabiendo exactamente lo que quiero.

Es sábado por la noche. Me pongo una serie de Netflix y un pote de helado de yogurt. La dieta por los aires.

Pero me da igual. Estoy feliz.

Cuando el protagonista está a punto de besar a la chica y a mí me falta nada para echarme a llorar… Me suena el móvil. ¡Me cago en la puta madre! Entre el susto que me ha dado y la emoción del momento… Lo atiendo y es él, no mi marido, no. Ese estará pasándolo bien vete tú a saber dónde. Mi otro, mi amigo.

 

La persona que me llena la cara de sonrisas y cuando nos vemos, de auténticas carcajadas. En quien pienso al acostarme y me duermo llena de ilusiones. Con quién sueño huir a otro mundo, donde nadie nos conozca, donde nos podamos conocer de verdad. Sueño con sus caricias, con sus palabras bonitas, con hacernos masajes eróticos al llegar del trabajo…

En el móvil hay un mensaje. El mensaje que va a cambiar mi vida.

«¿Estás sola? ¿Querés que te pase a buscar y nos vayamos a tomar algo?»

Madre mía. Siempre supe que este momento tenía que llegar. Pero hay que ser racionales. Estoy casada y no voy a hacer nada. Al menos por ahora.

La noche fue mágica. Fuimos a un pub donde nadie nos conocía. Nos tomamos una cerveza de esas gigantes. A mí me daba risa ver cómo la jarra casi era más grande que yo. Bueno, a mí me da risa de casi todo. Y si es con él, imagínate.

La noche se pasó volando y teníamos que volver. Me iba acercando a casa cuando en un semáforo, se giró y me dijo.

«Creo que estoy enamorado de vos«

Vaya sorpresa. Esa sinceridad tan tierna me impulsó a abrazarlo y ese abrazo a besarlo. Y… No pude seguir porque ya nos estaban apurando con bocinazos por detrás, pero..

No se pudo hacer nada, no se podía contener. La pasión mezclada con ese primer «te quiero» es una buena bomba.

Y ahí mismo, casi debajo de mi casa, hicimos el amor más bonito y salvaje que había vivido nunca.»

 

LANAS MARÍA – VARIEDAD EN COLORES

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