Por: Mariano Ferreyra

 

¡Hoy Catu cumple 8 años! Él me hizo papá, ¡a mí! A mí, que durante muchos años, “papá” me era una palabra tan llena de vacíos. “Papá” no se lo dije a nadie, nunca salió de mi boca. Los militares entraron a mi casa en Temperley aquella madrugada del 19 de septiembre del ’76, luego de haber festejado nuestro primer cumpleaños. Se llevaron a mi papá y a una pareja de compañeros de militancia. Teníamos un año mi hermano mellizo y yo, 4 años nuestro hermano mayor. Los cuatro solos en la casa, mi mamá amordazada. Con la violencia, el terror y el vacío como regalo de cumpleaños. Tenía un año de vida, no sabía hablar, no tuve la oportunidad de pronunciar la palabra “papá”. Desde que Caetano puede llamarme “papá”, “papi”, “papu”, (“papu” me puede, es para conseguir lo que quiera) tan sólo escucharlo me vibra el corazón a mil. Me emociona ser papá, ser su papá, me lloran los ojos si me quedo pensando todo lo que significa y me pasa cada vez que lo escucho…

 

 

Tener hijos me hizo repensar o tener otra perspectiva de la participación en Montoneros de mi papá, Enrique Ferreyra, en su militancia… me pregunto, fantaseo con la idea de estar en esa situación, ¿qué hubiera hecho yo? ¿Me enojo con mi papá por haber elegido su militancia antes que su familia? ¿Me da bronca que fuese fiel a sus ideas de patria Perón-socialista? ¿O me genera orgullo eso mismo? Pasa todo esto al mismo tiempo, bronca, enojo, satisfacción, orgullo, todo en una ensalada de sentimientos que, a medida que se va recorriendo el camino de la vida, van prevaleciendo unos sobre otros. Me da vergüenza pensar si yo me hubiera jugado la vida por lo que pienso… ¿y dejar que mis hijes pasen su infancia como la mía? ¿Sin jugar, construir, reír, llorar, gritar, retar, amar con mi papá? No lo sé.

 

 

A decir verdad, a pesar de todo, sin mi viejo, en el exilio y de vuelta a una Argentina con democracia pero destruida, tuve una infancia feliz, dura, difícil pero con alegría. ¡Con la dureza de caparazón permeable a la felicidad! Algo de mi papá quedo en nosotros, quizás fue mi mamá, los genes o la sociedad, pero tengo Ferreyra en las venas, y volviendo a la fantasía o situación, reposo en la idea que si la vida me acorrala y tengo que salir a pelear por lo que creo, estaría desaparecido.

 

 

 

ANATOLIA VETRO – ARTESANÍAS EN VITROFUSIÓN

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