Alto, desgarbado, lento, habilidoso, brillante, la vida de El Trinche es el secreto mejor escondido del fútbol nacional. Pudo haber sido uno de los máximos futbolistas de argentinos de todos los tiempos -y con proyección internacional-, pero se atrevió a desafiar a su destino escrito de ÍDOLO MAXIMO, y atentó contra las exigencias profesionales de los clubes  en los que deslumbró, y donde su saeta permanece dibujada en el pasto; porque ante todo fue un mediocampista exquisito que JAMAS DEJÓ DE JUGAR.

Tomás Felipe Carlovich nació en Rosario un 19 de abril de 1946, séptimo hijo de un inmigrante croata y madre argentina, inicio su carrera en las inferiores de Rosaio Central, deambuló por algunos clubes regionales, recaló unos meses en Flandria, hasta que en 1972 comenzó a escribir su propia leyenda en Central Córdoba de su ciudad natal.

Se desconoce el origen que motivo ese extraño apodo, pero tranquilamente podría haber sido El Mago, El Ilusionista o El Encantador de Rivales, porque los hipnotizaba como una cobre para dejarlos humillados y desorientados. Gambeta, caño y doble caño eran una constante de su distinguido sello; la redonda la llevaba pegada a la zurda y no se sacaba el frac ni la galera hasta el minuto 90.

 

Pudo llevar su arte a Francia, Italia, y a Estados Unidos -por recomendación del mismísimo Rey Pelé-, pero no se dió, o quizás prefirió el amor y las “licencias” de su Central Córdoba querido.

El boca en boca comenzó a diseminarse por toda Santa Fe y provincias vecinas, donde gran parte de la concurrencia iba a la cancha a ver “quién es este tipo del que habla todo el mundo”.

El 17 de abril de 1974 comenzó a esculpir su propia estatua de bronce. En esa memorable jornada, la Selección Nacional de fútbol se preparaba disputar el mundial que pocos meses después se disputaría en Alemania. El rival era un modesto combinado de jugadores rosarinos, dirigido por Carlos Timoteo Griguol y Juan Carlos Montes; y estaba integrado por Mario Kempes, Carlos Aimar, José Luis Pavoniy un tal Carlovich.

 

La historia señala que el DT argentino, Vladislao Cap, pidió que lo cambien cuando la albiceleste era vapuleada 3 a 0 por esos bastardos sin gloria.

A pesar de lo histórico de la jornada, la vida del “Trinche” siguió discurriendo de la misma manera: jugando, viviendo, exudando fútbol; siempre en clubes de ascenso. Solamente  registra 4 encuentros en la máxima categoría: 3 para Colón y sólo 1 para Central.

Formalmente colgó los botines en 1985, disputando una liga regional. Aunque de una u otra manera, siempre estuvo vinculado a su gran amor. Es que no era solamente la pasión, era una pulsión de vida, una vinculación sanguínea imposible de dejar.

 

Intentó vestirse el buzo de DT, en 2009 tuvo un paso fugaz por su Central Córdoba querido, pero no tenía interés en hacer el curso. Había largado formalmente el fútbol, pero nunca las manías.

Pero el destino, al que también tuvo la desfachatez de gambetear, tarde o temprano se sale con la suya. En mayo del año pasado, tras sufrir un violento robo, falleció de un derrame cerebral a los 74 años.

Pocos meses antes, los planetas colisionaron; Gimnasia de La Plata, dirigido por Diego Armando Maradona,  disputaba un partido por la Superliga contra Rosario Central. Y algún día tenía que pasar; se encontró quién fue el mejor de todos los tiempos, con quien pudo haber sido y, tal vez, no quiso.

 

Debajo del autógrafo, Pelusa escribió: “Al Trinche, que fue mejor que yo”.

“Después de conocerlo, me puedo ir tranquilo”, declaró el Trinche.

Y así lo hicieron ambos. Pero los Dioses no mueren, están en otro lado.

 

 

PINARES DECO&DESIGN

2 Comentarios

Dejar respuesta

Ingrese su comentario por favor!
Please enter your name here