Más de 20 personas murieron -y otras tantas están aún internadas- en la Provincia de Buenos Aires por consumir cocaína mezclada con alguna sustancia que condujo a un desenlace letal. Por estas horas diversos programas de televisión se encuentran hablando del tema. El asunto en cuestión es que poco se indaga en una problemática que no es nueva, pero que aborda a un mercado librado a la ilegalidad.

Pero, ¿qué se dice en la TV sobre el tema? Muchas veces, en este medio, se desinforma y se subestima a los televidentes. Se genera confusión, en simples palabras. Ahora bien, ejemplifiquemos lo dicho hasta aquí. Corría el prime time televisivo y en un canal de TV opositor una periodista presentó a Marina Charpentier -mamá de Chano de “Tan Biónica”- diciendo: “el año pasado la historia de Chano nos golpeó en la cara, nos mostró hasta dónde puede llegar esto”. A la vez, en un canal oficialista, otros dos periodistas hablaban del tema mientras el graph titulaba: “cayó el Paisa”, y agregaban que se trata de “un narco” de la Puerta 8, un asentamiento en el conurbano bonaerense, a quien señalaban como el “principal responsable de la tragedia”.

Acaso podríamos preguntar: ¿no estamos en problemas ante cierto periodismo conformado por un grupo de presentadores que hablan de cuestiones que probablemente les estén dictando por “cucaracha” y que desconozcan? No debemos desconsiderar la posibilidad de que están informando personas que hablan de una realidad sobre la que no investigan; cuestión que expone la importancia de invitar a expertos para abordar temas sensibles como, en este caso, ligados al narcotráfico.

En ese sentido, se corre el foco cuando se presenta el caso de Chano como paradigma de las adicciones. Porque dicho caso no es ejemplificador de la situación actual. Por el contrario, para conocer más acerca de los consumos (problemáticos o no) de drogas ilegalizadas es fundamental acercarse al problema, sin utilizar el dedo señalador ni anteojos prejuiciosos que pocas veces sirven para abordar cuestiones tan complejas. Quizás suene iluso, porque para que ello se concretase, los presentadores que ofician de periodistas deberían abandonar el confort de los canales de TV en los que se desempeñan.

Del mismo modo, tampoco es informar seriamente decir que el “Paisa”, uno de los últimos eslabones de la cadena de consumo, es el jefe de tal o cual banda criminal organizada. Los narcotraficantes no viven en asentamientos; esos son los transas, personas que reciben y distribuyen en los barrios drogas ya producidas. Por eso, de lo que no puede quedar duda es de que “el Paisa” es reemplazable para las personas que le entregan la mercadería y contratan su trabajo; las personas que financian la producción, y quienes se enriquecen de ello.

Las drogas sintéticas mueven millones de dólares al año en el mundo, son negocios muy rentables para quienes los llevan a cabo. Negocios usufructuados por gente de clase alta que vive de -y por- gente como “el Paisa”, entre otros.

Eso sin olvidar que son los pibes de los barrios los que, muchas veces, son reclutados como “soldaditos” para ser la “mano de obra barata” de la venta de productos ilegalizados. Son estos pibes los más afectados por estas problemáticas.

Tal como expresa Mariano Fusero, Presidente de RESET- Política de Drogas y Derechos Humanos: “Lo que debería establecerse es una política de Estado clara, basada en la reducción de daños -que alerte a las personas de los efectos reales que causan las sustancias y los adulterantes con las que suelen cortarse– realista, basada en evidencia y alejada de cualquier sensacionalismo paternalista o supersticioso”. Ello también debe ser tomado en cuenta por los medios masivos de comunicación, parte relevante de nuestras vidas cotidianas.

Así como sin abordaje estatal serio del problema no habrá soluciones reales al narcotráfico (que viene en escalada desde fines de siglo pasado en el país); sin una función periodística al servicio del bien común, no habrá otra cosa más que prejuicios y farándula alrededor de un tema tan delicado como el consumo de drogas ilegalizadas.

La comunicación implica una práctica que es necesario comprender vinculándola a un gran compromiso ético.

Los periodistas y comunicadores repercutimos en las subjetividades de las audiencias y de los lectores; entonces, nuevamente, la invitación de este escrito es a promulgar discursos que comprendan la densidad política que conlleva hacer periodismo, y que se acerquen, cada vez más, al fortalecimiento de derechos humanos básicos.

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1 Comentario

  1. La vision lucida de Paula y Florencia para ver un poco mas alla de la actualidad …Felicitaciones !!!!

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