Betina Di Nápoli (50). Periodista, madre y sostén de hogar. Luchadora.

Abrazó el periodismo durante los ‘90, en pleno Menemato. Una vocación que la constituyó en su más tierna adolescencia. Estudió, trabajó incansablemente para pagar un elevado derecho de piso, en un escenario demasiado adverso para una mujer, pero la lucha está en su ADN, de la misma forma que su compromiso por conocer la verdad.

Los comienzos se dieron en un contexto en donde la militancia todavía era una palabra vedada: “Militaba en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), y sin saber, habíamos armado un ‘mass media’: teníamos una revista y un programa de televisión en Lomas de Zamora que se llamaban ‘Giros’, donde entrevistamos a Leopoldo Moreau, José Octavio Bordón, ‘Chiche’ Duhalde, entre otros,  y uno radial: ‘La Rata’”.

 

 

Ya entrados los ‘90, y con la llegada de las nuevas tecnologías, el cambio fue vertiginoso. Eso llevó a la necesidad de adaptarse a los tiempos. Los medios locales tuvieron, sobre todo en el Conurbano, su mejor momento, ya que a los medios nacionales no se interesaban aún, en los temas de los territorios: “fue allí en donde comencé a ejercer en la construcción de varios medios radiales, gráficos y televisivos”.

“Empecé en el periodismo a los 14, y a raíz de eso, me puse a estudiar en la Universidad de Lomas de Zamora. Hice el noticiero del Canal 6 durante muchos años, fui cronista radial y de televisión en una programa que se llamaba ‘Buenas noticias bonaerenses’”.

La descalificación y el machismo extremo eran una constante en la tarea diaria, pero al mismo tiempo forjaron una personalidad que le permitió abrirse camino en la maleza: “las mujeres en esa época no éramos reconocidas como mujeres inteligentes que podían hacer notas, hasta que les ponías los puntos a alguien. Nos éramos muchas mujeres periodistas en la cuestión zonal. Hacías una guardia periodística y te tocaban el culo, el acoso era constante. Éramos muy menospreciadas. Las peleamos y la ganamos. Ahora, las periodistas mujeres lo deben vivir de una forma mucho más calmada y cuidada”.

 

 

Betina “metía las patas en el barro” para dar a conocer las realidades más crudas, a veces inimaginables, y dar voz y relato a los olvidados de siempre: “el periodismo en los barrios, que es el que más manejé, era dar visibilización a lo que pasaba en Budge, Santa Marta, Villa Albertina, Centenario. La estaban pasando muy mal, se inundaban, los gobiernos municipales poco se ocupaban; desaparecían chicas, morían pibes en los cruces. Las labor de los medios zonales era mostrar lo que pasaba, que no lo iba a cubrir un canal nacional. Nos dedicábamos mucho y era muy difícil. Ahora, los encargados de prensa de Lomas de Zamora tienen incorporada esa conciencia”.

También realizó un curso de Corresponsal de Guerra, lo que le posibilitó vivir en carne propia el conflicto bélico en Serbia, Sarajevo y Bosnia y enfrentarse cara a cara con LO IMPOSIBLE,  el rostro más descarnado del ser humano:

“Nevaba mucho, estuvimos 2 días en unos trailers que estaban en las afueras; salíamos en caravana con el contingente de la ONU y otros corresponsales.

Son guerras de exterminio, porque hay un serbio al lado de un croata. No bombardean, van casa por casa.

A la primera casa que entramos, había un freezer en la parte de adelante, todos los que no éramos militares pensábamos ‘no abran eso’… cuando se abrió, había un cadáver.

 

 

Al segundo día volvemos a salir a rastrillar, había periodistas de Clarín, de revista Gente y Radio Nacional, entre tantos otros. Esta vez decidí que iba a entrar a una de las casas, cuando ingresé me encontré con un bebé clavado en la mesa, mi bebé tenía 8 meses. Pedí a gritos volver a mi casa para estar con mi hija, por más que faltaran todavía 2 semanas para el regreso”.

Tanto dolor y angustia serían recompensados poco tiempo después en un viaje a Cuba para cubrir el Encuentro de Política Latinoamericana en 1997: “Fue muy divertido. Fuimos con mi camarógrafo y nos hospedamos en un complejo espectacular, el ‘Sol Palmeras’, en Baradero. Era todo muy extraño en La Habana en ese año, era pleno gobierno menemista… Nos odiaban, nos costó mucho integrarnos y que nos dieran información. Llegar a Fidel fue imposible, pero el Encuentro en la Plaza de la Revolución fue increíble. Me quedé un mes y medio en la pileta del hotel y escabiando, pero ojo, todo bancado por mí (risas)”.

 

 

Betina da riendas sueltas a su curiosidad y comparte su pasión más primitiva con otras que fue desarrollando con el correr del tiempo. Pero, a  pesar de deleitar a familiares, amigxs y clientes con sus delicias culinarias y de curar mascotas (gracias a su preparación como Auxiliar Veterinaria), en el periodismo no hay pretéritos. Por más que en la actualidad no ejerza, quien fue periodista, es y seguirá siendo PERIODISTA.

 

 

VIDRIERÍA MARCELA
VIDRIERÍA MARCELA

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