Desde hace varios años, los argentinos escuchamos hablar de Vaca Muerta y tenemos una pequeña idea de que se trata. La intención de esta nota es acercar un poco más de luz a este tema.

Se suele decir que es un yacimiento, pero en realidad es una formación sedimentaria depositada en un mar de la época jurásica en la Cuenca Neuquina.

Son sedimentos marinos depositados. Si uno acerca un fragmento de estas rocas al fuego, arderá con llama rojiza, que habla de la riqueza de su materia orgánica. Esto permite que la extracción produzca shale oil y shale gas.

La extensión total es de treinta mil kilómetros cuadrados. En 2011, se estimó que las reservas depositadas podrían estimarse en más de novecientos millones de barriles de petróleo, de los cuales el veinte por ciento equivalen a gas. Una proyección actual eleva esa cifra al triple, lo que ubica a nuestro país como el segundo reservorio de shale gas y el cuarto de shale oil del mundo.

En 2013, se realizó un convenio con la firma Chevron y luego apareció la empresa Dow para explotar, junto a YPF, el Yacimiento El Orejano.

Con el correr de los años y la ambición, también desembarcaron en Neuquén otras multinacionales: Exxon, Shell, Total, Americas Petrogas, Pan American Energy, Pluspetrol y Tecpetrol.

Una suerte de enorme bomba extractora y generadora de billetes e inversiones empezó a crecer lentamente en la Provincia Patagónica, un nuevo mundo de inmigrantes, lugareños, comercios aledaños y prosperidad.

Una de las patas sometidas a la crítica es la seguridad de los trabajadores, ya que hubo ocho muertos debidos a explosiones, ahogamientos y aplastamientos.

La otra pata es la contaminación, se calcula que se produce un derrame diario en la Cuenca Neuquina, lo que estaría dando ya casi más de tres mil derrames. En 2018, aconteció el más grande en un área de 60 hectáreas cerca de Añelo, en un pozo propiedad de YPF y la empresa Schlumberger.

La firma china Powerchina anunció que va a construir un tren que va a unir Vaca Muerta con el Polo Petroquímico de Bahía Blanca para transportar petróleo, arena, gas y alimentos; estimándose una inversión de mil quinientos millones de dólares.

La pandemia, la caída del precio del barril y el congelamiento de tarifas plantea algunas dudas sobre la marcha actual del negocio.

El plan a cuatro años es que Vaca Muerta permita un ahorro de casi diez mil millones de dólares al reemplazar importaciones de gas y gasoil por el shale tan valioso como eficaz.

Estudios más cautelosos afirman que, hasta 2018, las compañías intervinientes tuvieron un flujo de efectivo negativo cercano a los ciento ochenta mil millones de dólares. El paso del tiempo irá amortizando las inversiones y, seguramente, a futuro será un gasoducto millonario que escupirá divisas a sus casas matrices situadas en las más conspicuas ciudades del mundo.

Hay en carpeta un proyecto fabuloso que unirá Neuquén con Porto Alegre en Brasil, con una extensión de caños de alrededor de dos mil cuatrocientos kilómetros con un costo de cinco mil millones de dólares.

El proceso de la maravilla neuquina pasó de descubrimiento a proyecto y luego a explotación, transformándose en casi la única política de Estado que sobrevive a tres administraciones presidenciales consecutivas.

Un sueño de ganar la última lotería que queda en un país que alterna peligrosamente gobiernos populares con gobiernos neoliberales, con décadas ganadas y otras perdidas, caminando sinuosamente por la cornisa de la esperanza y la decepción.

Un billete de lotería que seguramente nos hará ganar el deseo de nuestros padres y abuelos, que vinieron a la Argentina en busca de paz, pan y trabajo.

En definitiva, el Yacimiento Vaca Muerta es digno de aquella famosa frase “Con una buena cosecha nos salvamos todos”.

 

 

LIRIX – INDUMENTARIA

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