A veces una nota periodística se dispara a través de una charla casual entre cervezas y papas fritas o en una charla profunda rodeada de lágrimas y dolor.

Esta nota parte del último caso: llantos, rabia, dolor, temor, bronca, mucha bronca.

Una amiga se vió envuelta en una relación de pareja con maltratos psicológicos, violencia de género y un montón de etcéteras imaginables.

Uno, que acompañaba el desarrollo de la relación siempre preguntaba lo mismo: “¿no te diste cuenta que dejaste de usar el whatsapp por la noche?”, “¿no viste que cada vez nos costaba más vernos, siendo que nos conocemos hace más de veinte años?”, ¿te acordás aquel día que te vi en la calle? te dije ‘que cambiada estás, con ropas holgadas que nunca antes habías usado”

Todas “señales” que yo veía claramente desde afuera y que se las contaba dándole mi parecer y recibía un muro de silencios y de ¡¡“Apoyame”!!

Como dice la licenciada en psicología, Vanesa Mattazzi, el problema es que estamos inmersos en un sistema patriarcal en donde la sumisión de la Mujer aún está latente.

Los hombres aprenden desde corta edad a violentar a las mujeres y éstas últimas a aceptar tal trato supuestamente “por amor”.

Hay casos donde el hombre “psicopatea” a la mujer (intentando expresar con este término el hecho de que el victimario genera en la victima la certeza que son las únicas responsables del maltrato, que por “algo” le pasa, que no es para tanto) consiguiendo así, hacer sentir culpable y minimizando, lastimando de diferentes maneras a una mujer.

En ocasiones se ven estas señales de alerta, y ante el intento de cortar la relación y separarse empiezan las amenazas y los golpes.

Sabemos que las denuncias son intrincadas, muchas veces ignoradas, las perimetrales tardan meses y siempre llegan tarde: muchas veces con la mujer muerta, quemada, violada o golpeada.

A veces la propia historia de vida impide ver venir estos caminos, creencias familiares o la religión, y la historia se hace aún más compleja cuando existen hijos en común o dependencia económica (entre otros tantos modos de “encadenar” a la mujer transmitiéndole la certeza de que NECESITA del hombre para poder sobrevivir)

Podemos hacer algo, desde criar hijos con amor y valores no machistas, hasta ser más empáticos y entender que quienes están en ese lugar no lo están por gusto.

Se trata, a su vez, de una responsabilidad social, las instituciones deben enseñar también y alertar cuando se percibe que no se trata como sujeto de derecho a la mujer sino como objeto de posesión. A poder garantizar la protección y el amparo tanto físico como económico.

Los hechos se repiten a diario lamentablemente y esta humilde reflexión compartida es solo una bengala en medio de una noche oscura y profunda.

Quizás podamos ayudar a alguien, si es así ya nos damos por satisfechos. Un poquito de dulzor en un paño amargo feroz.

MALTASUR CERVEZA ARTESANAL

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Lomas de Zamora, Buenos Aires.

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