Son las siete de la tarde en un barrio del Conurbano. Ivana lleva a su hijo a entrenar, se mete unas tres cuadras por una calle de tierra que se choca contra una pared de 1,20 metros. Este muro, como un canal, contiene más tierra y las vías del tren.

 

 

Ivana sube por una montaña de cascotes y alcanza las vías. Unos días atrás, un par de muchachos acumulaba los escombros contra el paredón para facilitar el acceso. Algunas escaleras precarias permiten también cruzar de un lado a otro.

Junto a las vías corre un riachuelo que en esa parte no se ve porque hay una hilera de casas entre ambos. Toda esta zona, hace unos años, era puro campo. Pueden verse torres de alta tensión. Cuando Ivana era más joven y entrenaba en ese mismo gimnasio, miraba el campo y en noches de invierno, cuando la niebla lo invadía todo, tenía más miedo de que se le apareciera el lobizón que un delincuente. Ahora que todos estos terrenos fueron tomados, y las casillas y los ranchos precarios y los transas se instalaron, los miedos deberían ser otros.

 

 

Tres o cuatro niños juegan o en las vías, algunos desabrigados y sucios. La gente cruza de un barrio al otro. Mujeres con bolsas de compras, hombres que vuelven de trabajar con sus mochilas al hombro, en la mayoría inmigrantes paraguayos. Ivana se fija si su hijo subió y empiezan a avanzar sobre los rieles. A unos cincuenta metros sobre las vías, ve a los soldaditos vigilantes que mediante silbidos, láseres y señas, se comunican con otros vigilantes dispersos en diferentes puntos de la vía. También los hay en las esquinas a unas dos o tres cuadras a la redonda. A veces son mujeres.

Dos hombres charlan tranquilamente mientras, a media cuadra de su casa, hay gente esperando frente a la casa del puntero. Muchos pibes y pibas. Ivana piensa que algunos de esos chicos podría ser su hijo. A lo lejos ve cómo la vía se curva y se pierde entre yuyos y árboles. Ivana camina, saluda al vigilante, y baja por un camino abierto en lo que antes era un basural y por fin cruza un puentecito de madera que se inclina hacia un costado y atraviesa el riachuelo. Hace unos diez metros por un pasillo entre dos casas hasta salir a una calle y hacer las tres cuadras que faltan para llegar al gimnasio.

 

 

Podría ir por la por la calle principal, dónde están los comercios y por donde pasan las líneas de colectivos y el tránsito en general, pero caminaría unas quince cuadras más. Cualquier madre en su sano juicio priorizaría la seguridad de su hijo y elegiría el camino más largo pero más seguro. Sin embargo, Ivana se siente más segura entre los transas. Por la noche, cuando hacen el camino inverso para volver del gimnasio, la oscuridad invade el pasillo y no pueden ver ni sus propios pies. El mayor miedo de Ivana y su hijo es pisar en el lugar incorrecto y que una tabla del puente se rompa y caer al riachuelo. Muchos le dicen que está loca por meterse por ahí para ahorrar camino, pero no es sólo cuestión de atajos, sino de seguridad.

 

 

Ahí no tiene miedo a que le roben o le hagan algo. Piensa en una de sus películas favoritas, “Ciudad de Dios”, la escena donde unos niños roban una panadería y Ze Pequeño, el jefe del narcotráfico, se enoja y dice “En mi favela no se roba”. Nada que envidiar. Acá en esta zona de transas no se roba, ellos no lo permiten, y eso le da tranquilidad.

 

En la calle principal a esa hora los negocios están cerrados. El paso a nivel es la emboscada para quienes bajan  del colectivo después de trabajar. Son presas de los delincuentes que luego corren y se pierden allá lejos donde la vía empieza a curvarse y donde una madre con su hijo no se metería por qué es una cueva de lobos. Pero para Ivana, a lo sumo, lo peligroso sería que justo apareciera la policía y terminar involucrada porque ¿en qué cabeza cabe que una madre y su hijo anden por ahí a esa hora? Pero es muy improbable, porque hace mucho tiempo hay un puesto policial a ocho cuadras y ellos no saben, no ven, como tampoco saben ni ven los políticos lo que Ivana ve todos los días.

 

 

EL VIKINGO

2 Comentarios

  1. Impresionante Crónica de Xoa…te instala en el lugar y no podes salir de esa atmósfera…maravilloso relato… Bienvenida Xoa a L3M ….un Honor y un placer….

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