Las influencias fueron y siguen siendo un factor determinante en el sonido característico de una banda, a tal punto que, en muchas ocasiones, es una labor dificultosa poder dilucidar quién es el “maestro”, y quién el “discípulo”.

Es menester reconocer que todo lo que suene retro y vintage fue fagocitado por el rock business; que la vanguardia implica un riesgo que no forma parte del catálogo de los sellos musicales, y que los desafíos  se limitan a revisitar un pasado al cual siempre parece NECESARIO VOLVER.

 

 

La carencia de ideas nuevas, provocó la obligada “exhumación” de viejas fórmulas musicales de míticos dinosaurios, para embalsamarlos con sonidos remozados y maquillarlos con artificios tecnológicos irresistibles y amigables para un oído APTO PARA TODO PÚBLICO.

A finales de la década de los ‘80, las discográficas norteamericanas presenciaban impávidas el arrebato del podio del mercado musical por parte de las del viejo continente.

 

 

 

De un modo u otro, había que reinventar un sonido para retomar la “pole position” de la industria. Así, el Grunge fue el nuevo bastardo sonoro parido en Seattle, cuna de Jimi Hendrix. De la noche a la mañana, EE.UU. volvía a la primera plana; con una melange que hacía de la depresión un negocio desmesurado: el costado más “metalero” estaba ocupado por “Soundgarden” y “Alice in Chains”, profanando el espíritu oscuro y esotérico de Black Sabbath.

 

 

Nirvana grito más fuerte que los Sex Pistols y Pearl Jam expandió por todo el mapamundi el folk-rock de Neil Young de los ‘70.

Desde el Reino Unido, Liam y Noel Gallagher, los “hermanos macana” de Oasis, supieron reencarnar a la perfección -y sin culpa- el sonido de Los Beatles, logrando, incluso, superarlos en popularidad, a base de melodías irresistibles  y escándalos familiares.

 

 

Tanto Green Day, The Offspring y Rancid -o el podio de la nuevo ola Punk- tomaron la posta de quienes 20 años antes fueron portavoces del desencanto juvenil; pero sin escupir blasfemias a instituciones, ni a la industria, y con el fin de divertir, divertirse y engrosar a más no poder sus cuentas bancarias.

 

 

En el nuevo milenio, Franz Ferdinand, The Strokes y The Hives le quitaron la telaraña a la New Wave ochentosa de Television The Cars y Duran Duran; mientras que el existencialismo del “suicidado” Ian Curits y su Joy Division reencarnaron en Interpol.

LO VIEJO ES NUEVO, LO NUEVO ES ALTERNATIVO Y TODO LO ALTERNATIVO, PARADÓJICAMENTE, ES NEGOCIO. LOS BENEFICIOS MONETARIOS SON EXCESIVOS, A CAMBIO DE POCO; POR LOS TANTO, HUELGAN LAS INTENCIONES DE REVERTIR EL ALETARGADO PANORAMA CREATIVO, Y ASUMIR EL RIESGO DE GANAR MENOS Y DE INNOVAR MÁS.

 

 

Noche de Poesía por Xoa.Art (03/07/2021)

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